¿QUÉ BENEFICIOS SE OBTIENEN AL MATRICULARSE EN UN TALLER LITERARIO?

Preguntas como esta, o tales como:
- ¿Es bueno matricularse en un taller literario?
- ¿Qué me aporta el matricularme en un taller literario?
- ¿Seguro que se puede aprender a escribir en un taller literario?

Preguntas similares y muchas más las he estado escuchando los últimos seis años, los que tiene de vida el taller.
A quienes me las hacían, bien por correo electrónico, bien por teléfono, traté de sacarles de dudas lo mejor que supe o pude.
He de decir que, como tallerista que fui durante más de ocho años en uno de los más antiguos aparecidos en la ciudad de Madrid, más dos cursos en una escuela de prestigio diré que:
1.- Los genios literarios, salvo muy raras excepciones no nacen, se hacen a base de esfuerzo y trabajo constante (al igual que cualquier trabajador en la disciplina que sea: para ser realmente bueno es preciso constancia y trabajo).
2.- En todas las universidades anglosajonas, los talleres literarios son una asignatura más en las facultades de letras.
3.- Cualquiera que sepa redactar medianamente bien, y que tenga inquietudes literarias, puede ser un magnífico alumno.
4.- A un taller literario hay que llegar con humildad y con el pensamiento de que se va a aprender, no creyéndose de entrada un Cervantes o mejor que el insigne alcalaíno porque será un pésimo alumno que no se dejará corregir, se aburrirá y entorpecerá las clases.
5.- Quizá este punto debí ponerlo en el 1º o 2º lugar. Escribir es: CORREGIR, CORREGIR, CORREGIR y CORREGIR, de tal modo que el texto quede pulido, tanto como una pista de patinaje por la que, el lector, deslice la vista y no se encuentre obstáculo alguno que le haga desechar la obra que tiene entre manos bien por aburrimiento, falta de comprensión, exceso de rimas...
6.- Y por último, para no aburrir como pongo más arriba, quien desee escribir, llegar a tener un estilo propio, debe leer mucho y bien, es decir: beber de los autores clásicos y contemporáneos pero no sólo ir a conocer el argumento, sino ver las figuras retóricas empleadas, el tono, el estilo, las formas de lenguaje... Es necesario hacer un estudio en profundidad e, incluso, intentar parecérsele (con los ejercicios de intertextualidad) y, cuando menos se lo espere, habrá llegado, si no a la cumbre, sí a empezar la escalada de esa montaña que, aunque parezca que no, se conseguirá con tesón.

Un saludo, Juana Castillo


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viernes, 31 de octubre de 2008

Colaboraciones externas: un relato de Chavi Martínez, Argentina.

Huracán - Foto tomada de Internet

Fragmento III de “Tu gran alegoría”
Chavi Martínez

“Yo doblego en la temporada que me toca con especímenes y todo, aquellas versátiles modalidades obnubiladas, cementerias. Realidad ineludible de enfrascada sapiencia que pretende decirlo todo, saberlo todo. Hombrecitos que parecen palmearte la espalda por los hombros queriendo invertir amor por sobriedad, rotunda e inimputable contienda que se verifica incapaz de abstraerse en cada quien, evadiendo precozmente algo que pueda rozar con la imaginación.
Los detesto porque al parecer son inicuos pero nada se logra tras su permanente atención desesperada por su lógica, por una lógica que se abastece de esas verdades y no te enseñan, que te sacrifican muchas veces como un huracán lastimado muy a pesar de la armoniosa particularidad de la pinta arboleda, la cual emana la tranquilidad de una herida henchida y suave. Los invento en otra cosa porque aborrezco su templanza concreta y desdichada de los que no tienen, ni quieren hacer otra cosa más que regocijarse en el error ajeno. Ellos estudian esas cosas manifiestas en cosas, determinantes y convexas anomalías que preparan para restregarlas sobre los contempladores rostros, cuyo vértigo crédulo del río vierte azúcar y todo lo demás que besa el agua. Ellos son los intactos que hacen el mundo breve, intachable, feroz, para siempre después, mientras desean salud escriben en los diarios lo mal que está el planeta, lo encallada que está la mente, sobre cuánto se mata y poco se quiere. Y mienten, ya lo sabemos, lo sé yo que he de escucharlos hasta en mi propio cuarto, como un opaco hálito que se acerca a mi cama y busca disminuirme, suprimirme, socavarme con tanto pánico.
Qué hacer entonces, mirar el resoplar descaradamente, flirtear con la turbante incapacidad, imaginar que algo puede hacerse mientras la lombriz haga canaletas en la tierra para la alimentación, e imaginar, como dice algún aprendiz de innumerada infinitud que entiende, porque imaginar vale más que conocer. O como dice un amigo, ser feliz es más que ser sabio.
De ahora en más quisiera entonces que muchos se informaran de lo que puede pasar según cómo se mire, según con qué se disipen las dudas, y que se vayan acostumbrando a ser visitados por una cara destrozada del gran accidente celular y geográfico, por la gran apariencia histórica inimputable, por todas las cuestiones sobrevivientes sin cesar de mecerse tras el tráfico oriundo del sistema hueco que pasa por el lado norte de nuestra mental lodería.”

Colaboraciones externas: un relato de Harmonie Botella, El Campello (Alicante-España)

Imagen obtenida en Internet
NUBES
Harmonie Botella Chaves


Nubes de algodón, nubes de niebla, nubes de niebla y algodón. Mis oídos, mi mente rezuman de algodón, niebla y nubes. Estoy envuelto en la lana blanca de las ovejas de mi abuela. Nada llega a mí, no existo, no tengo que afrontar la vida.
Tumbado en el sillón, oigo las noticias. Me adormecen y se mezclan con mis pensamientos desordenados, no sé si la guerra de Kosovo se libra en otro país, en Campello o en mi mente. Noto el terremoto de Méjico sacudir mi cerebro, pero no pasa nada. En cuanto el presentador anuncie otra desgracia, habrán finalizado las guerras, los terremotos y las dictaduras.
Mi cuerpo se desvanece, ya estoy casi inconsciente, flotando en el limbo. No es el limbo. Vuelve a dolerme el corazón, el alma y no consigo escapar hacia los paraísos artificiales. Estoy nadando en un sudor asqueroso, que podría ser el de este monstruo que me persigue desde hace varios meses. Quiero coger un pañuelo para limpiarme la frente y la cara y lo único que consigo alcanzar es un trapo que está tirado en el suelo. Me lo paso por los brazos y cuando lo acerco a mi rostro, me percato de que está ensangrentado. Miro más detenidamente, sangro, igual que mi corazón y mi alma.
Nunca podré escapar. He huido. Estoy casi a dos mil kilómetros de mi pesadilla y todavía me persigue. A pesar de los frascos y frascos de barbitúricos que tomé para olvidar, cada día el monstruo se presenta para que recuerde. Que recuerde a los cincuenta obreros, a los seis administrativos que van a encontrarse sin trabajo, a mi padre, que levantó la empresa con mucho sacrificio, y a mi madre, que se morirá de dolor cuando se entere que he tenido el valor de tomarme varias cajas de neurolépticos de un tirón.
La bestia está ahí, asomándose a mi cuerpo, a mi mente una vez más. No la puedo controlar, es más fuerte que yo. En cuanto se acerca a mí, en cuanto su peso oprime mi pecho, me asfixia, ocupa mi cerebro, empiezan a descomponerse mis intestinos, mi estómago. Estoy en la antesala de la muerte, me voy vaciando, no puedo cortar los efluvios apestosos que salen de mí. Las arcadas de mi estómago me duelen hasta producirme calambres en la médula. No puedo seguir. Si éste es el principio de la muerte, la deseo ya, porque me doy asco. Tengo el aspecto de un cadáver amarillo que va derramando a su paso el flujo maloliente de las alcantarillas.
Si me tomo ahora cinco o seis pastillas, podré engañar unas horas a la bestia. Pondré otra vez la tele. Las telenovelas y los informativos llenarán mi cerebro y ahuyentarán mis pensamientos unos instantes.
No sé cómo empezó todo. Siempre noté este malestar en mi cuerpo, en mi mente. De pequeño me obligaban a ser el niño perfecto. Hijo de inmigrantes españoles, pasé unos años difíciles en un frío país. Durante los primeros años, mis padres no tenían dinero ni para comprarme un par de botas, así que el mordisco vengador y arisco de la nieve me arrancaba lágrimas amargas. Menos mal que de vez en cuando acudía Campanilla y me daba ánimos para seguir combatiendo el frío de esta región y la frialdad de mis progenitores. Yo sólo soñaba con la tierra de mis padres, donde no llovía ni nevaba y donde uno, según ellos, pasaba la mayor parte del día bajo el sol, pero con el estómago vacío.
Hubiera preferido tener el estómago vacío que los pies congelados. Fueron unos años duros y largos, en los que no se me permitía ninguna flaqueza, ni física ni moral. Aguantar era el lema de la familia; no demostrar a los pudientes, o simplemente a los amigos, que nos faltaba de todo para sobrevivir. A escondidas, todos los días robaba carbón o leña en los chalecitos donde no hubiera perro alguno que pudiera atacarme. Mis padres nunca lo supieron o no quisieron enterarse.
Me comportaba siempre como un niño bien educado, limpio, aseado, correcto. No existía ningún fallo en mi comportamiento. Ellos, al principio, no hablaban alemán y me tocó durante años ser el recadero, el traductor o el chico de la compra de la familia. Cuando volvía de cualquier recado, estaba seguro de que mi padre o mi madre me esperaba con aires inquisitoriales y vengativos, preguntándome todo tipo de detalles para averiguar si no me había equivocado. Después, claro, venía el castigo verbal y psíquico: era un inepto, un subnormal, nunca sabría manejarme en esta vida. Todo en mí, según ellos, fracasaría. Tenían razón.
Campanilla siempre venía a ayudarme, a quitarle importancia al castigo. Algún día, decía, tendría poder de decisión sobre mí mismo.
Fueron prosperando. Dejé mis estudios para ayudar a mi padre en la fábrica y cada paso que daba demostraba mi inseguridad, mi miedo a no hacer lo adecuado. Cuando conocí a Gretel me sentí fuera de lugar. La quería pero la falta de seguridad en mí mismo me hacía aún más ridículo. Ella pertenecía a otro mundo, a un mundo en el que los hijos eran educados con respeto y ternura. No era mi caso. Nos casamos. Quise demostrarle mi amor y no supe. Mis padres siempre me lo dijeron: “nunca serás un hombre de verdad”. Sólo era un pobre chiquillo introvertido, incapaz de llevar a cabo sus negocios, su vida. Quise demostrarle que yo era ese hombre sobre el que ella podía descansar y confiar. Quise demostrarle que yo podía llevar las riendas del futuro a pesar de la carga de dolor que pesaba sobre mi mente. Quise demostrarle que yo no era ya ese joven dominado por unos padres déspotas que sólo pensaron en realizar su vida material.
Y fracasé, fracasé en el amor, fracasé en los negocios. Algunas veces aparece Gretel y cuando quiero hablarle, tocarla, se vuelve a esconder detrás de una nube de algodón. Sigue sonriéndome, creo que aún me quiere y me ha perdonado. Sólo necesitaría el coraje de llamarla por teléfono y decirle que estoy aquí, aquí, en la casita de mis padres, en un pueblo donde brilla el sol. Pero ¿cómo voy a decirle que brilla el sol si no lo veo? No veo nada, sólo las nubes que envuelven mi mente y mi cuerpo.
Quisiera ver el sol, ver el sol y a Gretel, andar sobre la playa de Campello, pero no puedo moverme, si lo hago, aparece la cosa y me desgarra el alma. Gretel está presa en la casa de la malvada bruja y, si no me libero, no podré salvarla. Quiero salvarme, quiero salvarla, quiero huir de los paraísos artificiales. No creo ya en los cuentos de hadas, ninguna magia, ninguna fuerza pueden sacarme de este infierno de efluvios, de esta tormenta de miedo.
Cierro los ojos y me parece que entra mi abuela en el salón. Murió hace diez años y, sin embargo, la tengo ahí, delante de mí, tan serena, tan guapa. A su alrededor sus ovejas han formado un corro y se tumban. Se tumban para oír uno de esos cuentos que solía contarme hace mucho tiempo. El cuento esta vez es diferente: el sastrecillo valiente está luchando contra el lobo feroz que ha secuestrado a Hansel y Gretel; el sastrecillo no es un superhombre, es pequeñito y delgadito, pero sabe que si lucha contra el lobo, contra los demonios de su pasado y su presente, podrá liberar a la parejita que el lobo va a devorar.
Oigo a mi abuela y tengo miedo. ¿Y si el sastrecillo no pudiera vencer a la bestia? Mi abuela sonríe y dice: “No te preocupes, vencerá a la bestia con tu ayuda”. ¿Tengo yo la suficiente fuerza como para ayudarle? Si no sé vencer a la bestia que me asedia, ¿cómo ayudarle? El hada madrina de la bella durmiente se acerca y me susurra unas palabras: “ Si ella se pinchó el dedo y se durmió es porque el artilugio de la vieja hilandera estaba en desuso; no se durmió porque desobedeciera a su padre, sino porque se sintió atraída por algo muy pasado de moda. Hay que saber renovarse, ir hacia adelante, olvidar el pasado”. Cuál es el significado de las palabras de esta mujer tan bella... Intento analizarlo pero me cuesta mucho, no consigo ayudar al sastrecillo y al mismo tiempo resolver el enigma.
Caperucita Roja aparece y se burla de mí. Es la aliada del lobo feroz, su pelo teñido de rojo y su vestido azul me enfurecen. Estoy perdiendo los anclajes de mi niñez, los remolinos de mi mente me cansan, la lucha me agota. Me gustaría que alguien me aconsejara. Algo roza mis oídos, levanto la vista y allí está Campanilla, aleteando junto a mí. Sus bucles de oro bailan alrededor de su rostro y en sus ojos azules las olas del mar adormecen y apaciguan mi corazón. De su boquita, semejante a una cereza, sale una dulce canción: Es la historia de un hombre valiente que decide olvidar su pasado y luchar por su porvenir. Este hombre soy yo. Ayudaré al sastrecillo, liberaremos a Hansel y Gretel. Ella perdonará mi cobardía pasada y volveremos a vivir juntos. Juntos solucionaremos los problemas.
Hemos vencido al lobo. Junto a mí, el hada madrina y Campanilla han transformado el salón en despacho. El ordenador tiene unas teclas que yo nunca había usado anteriormente: Entender y aceptar el pasado, capacidad para dirigir su futuro, olvido de los paraísos artificiales. Me siento al mando de mi vida, con Gretel a mi lado. Quiero vivir, ser yo. He ganado la batalla.

Harmonie Botella. Otros Caminos, ed. ECU.

domingo, 26 de octubre de 2008

Fotos de la presentación del libro del taller, Un sueño dorado. Lunes, 13-X-08.

Vista del escenario del Centro Cultural "Pablo Picasso"
antes de dar comienzo al acto.

















El "recién nacido", Un sueño dorado, es expuesto a la vista del público.
















Gloria Grau lee su relato: Dulcemente.


















Nines de Andrés lee el relato de Adriana Salcedo Jaramillo, Presencia,
(la autora no se encontraba en la sala porque vive en Santiago de Chile).


















Isabel Fraile lee su relato: El anorak rojo.


















Nines de Andrés lee su micro-relato: Un libro en mis manos.


















Marta Manzanares (hija de Pepi Núñez), vino desde las Palmas de Gran Canaria para representar a su madre en el evento. En su nombre leyó el poema-acróstico: Luna Llena. En la foto, después de leerlo.


















Juana Castillo, después de leer su poema: Unión en la palabra
y de dar por finalizado el acto.


















Una foto en conjunto de las autoras: Gloria, Isa, Juani, Marta y Nines.


















Las autoras acompañadas de otros amigos escritores que vinieron a la presentación:
Susana Simón, Gloria Grau, Blanca del Cerro, Isabel Fraile (detrás), Pedro M. Martínez, Juana Castillo, Marta Manzanares y Nines de Andrés.



















Una parte del aperitivo que se sirvió al final del acto, obra de Gloria.

Las alumnas del Taller atacan de nuevo. Tema I - Una anécdota.

Ratos de tele - Imagen obtenida a través de Internet

Un escritor famoso
Nines de Andrés del Palacio*


Es verdad que nos ponemos delante del televisor y pensamos que no hay nada que valga la pena, que nada de lo que emiten nos interesa demasiado, que las películas nos aburren con esos cortes publicitarios tan largos que, cuando vuelve la emisión, ya no sabemos qué estábamos viendo.
Todo el mundo dice, o más bien decimos, que vemos la 2, los documentales, viajes y cultura. A veces es verdad. Yo siempre me “encuentro” esta cadena. No voy buscándola, solo intento dar con algo que capte mi atención y hoy, por fin, lo he conseguido.
Se trata de PALABRAS+ en el que se habla de literatura, de libros. Parece increíble la existencia de programas de este calibre en un tiempo en el que la acción, la violencia y el sexo mal manejado, invaden las parrillas de todas las cadenas de la tele.
Una entrevista con un autor, ahora que nosotras estamos asomándonos a esa puerta por una rendija, captó mi atención, sobre todo porque el escritor hablaba un precioso y claro inglés, idioma que en absoluto domino pero que me resulta tan musical y agradable que me quedé literalmente pegada al televisor
Paul Austin, el autor que aparecía en la pantalla, es un hombre tranquilo, pausado y maduro que habla de la vida con el entrevistador sin grandes alharacas y con una enorme sencillez. Se lamentó de que en su país, Estados Unidos, no fuera tan popular la literatura como el cine.
Para finalizar el presentador le rogó que leyese un párrafo de su libro: “The man in the dark” (Un hombre en la oscuridad). Me resultó tan hermosa su entonación y su voz grave y pausada que, aunque no conozca muy bien el inglés, creo que me compraré el libro en español y, cuando lo lea, recordaré a su autor y, quién sabe, quizás me atreva a soñar que algún día yo pueda hacer lo mismo con un párrafo de uno de mis relatos. Pero eso se queda solo en eso, en un sueño.


* Nines de Andrés del Palacio, alumna inermitente por Internet.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Las alumnas del Taller atacan de nuevo. Tema I - Una anécdota.


ANA
Consuelo Gómez González *

Hola Ana:
Quiero contarte lo que me pasó esta tarde cuando volvía del parque. Me acordé mucho de ti y pensé: ¿Qué hubiera hecho ella? Me crucé con dos vecinas del tercero que, al verme, se quedaron mirando descaradamente mi blusa azul, esa de Adolfo Domínguez que me regalaste por mi cumpleaños y, sin ningún reparo, una de las dos me preguntó: “¿Estás embarazada?”. Creo que la envidia al ver mi blusa provocó el comentario de mal gusto, dado que saben la edad que tengo. Yo lo tomé a broma y me deshice de ellas en cuanto pude.
Tú te reirías de esta anécdota, estoy segura. Admiro esa facilidad que tienes para aislarte en tu mundo y hacer lo que te da la gana, sin que te afecte la opinión de aquellos que no están de acuerdo contigo y critican tu forma de vivir. Yo te conozco. Detrás de esa fachada hay una mujer sensible. Aunque no puedo compartir esa idea de la vida y no creo que, salir con hombres mucho más jóvenes que tú, machacarte en el gimnasio durante horas, y vestirte como si tuvieras 20 años, te devuelva la juventud. De todas formas, ya sabes que respetar lo que hagan los demás, mientras nadie salga dañado, es un mandamiento que yo sigo al pie de la letra.


* Consuelo Gómez González, alumna presencial - Madrid.


Las alumnas del Taller atacan de nuevo. Tema I - Una anécdota.

Estación de Atocha - Madrid
Un encargo de confianza
Isabel Fraile Hernando *

Hoy tenía que hacer dos cosas en Madrid y salí pronto de casa. Ya de camino repito mentalmente: ”Que no se me olvide el encargo de Pepi”. Finalizada la primera tarea me dirijo a cumplir con la segunda, el encargo de mi amiga.
Al entrar en el portal casi tropiezo a causa de la oscuridad. Es una escalera estrecha. Subo hasta el primer piso. Toco el timbre y espero. Abre la puerta un señor mayor. El olor acre del hostal me tira hacia atrás.
Con cortesía calculada pregunto el precio de la habitación. Aunque no es cara, lo poco que observo desde el rellano no me interesa. En ese momento sale un hombre de una de las puertas que dan al pasillo subiéndose la cremallera. Cojo la tarjeta que me ofrece el viejo con las señas y el teléfono. Le doy las gracias con una sonrisa. Bajo la escalera todo lo rápido que me permite la poca luz y me alejo de la hediondez del lugar mientras rompo la tarjeta.
Ya en la calle miro a derecha e izquierda. Veo otro rótulo un poco más adelante .Entro en el portal, la escalera es diferente: bien iluminada, las puertas nuevas… Subo hasta el segundo, timbro, y espero respuesta. Cuando abren, una joven me indica que entre. Pregunto entonces el precio de un cuarto para dos señoras ese fin de semana. Me enseñan la habitación. Es acogedora y bien situada. Desde la ventana se ve la entrada de Atocha. Sopeso la calidad-precio y me parece buena. Salgo satisfecha del hostal con una tarjeta en el bolsillo.

* Isabel Fraile Hernando, alumna presencial, Madrid.


Las alumnas del Taller atacan de nuevo. Tema I - Una anécdota.

¡Que se calle la criatura!
Avelina Chinchilla Rodríguez*


Esto ocurrió hace ya algunos años, cuando mis hijos todavía necesitaban canguro para que mi marido y yo pudiéramos salir de vez en cuando. Unos amigos, Julia y José Manuel, nos propusieron ir con ellos un sábado por la noche al cine a ver la película “Desafío total” protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Como no teníamos con quién dejar a los niños, no nos quedó más remedio que decirles que no. Pero por una de esas casualidades de la vida mi hermana Yolanda y su familia decidieron visitarnos por sorpresa durante esos días. Nosotros estábamos un poco picados por la curiosidad, ya que, según nos contaron nuestros propios amigos, que a su vez lo habían leído en las reseñas de la crítica, la película era el no va más en efectos especiales para le época. Todo ello nos movió a no ser muy respetuosos con las normas de la hospitalidad y aprovechamos la visita de nuestros familiares para endosarles a nuestros hijos y largarnos al cine. Pero no el sábado, como nos propusieron en principio nuestros amigos, sino el viernes, ya que fue pensado y hecho. No les dijimos nada porque creímos que ellos ya tendrían sus planes y en cualquier caso no deseábamos interferir.
Llegamos al cine a la hora prevista, nos acomodamos en nuestras butacas que, por aquel entonces, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, no solían ser numeradas y nos dispusimos a disfrutar de la película. Apenas se apagaron las luces observamos con estupor cómo una pareja con un bebé de unos dos meses escasos se sentó a nuestro lado. Nosotros éramos padres experimentados y sabíamos perfectamente que aquello sólo tenía un nombre: catástrofe. En efecto, conforme empezaron a salir los rótulos de la película el bebé comenzó a llorar con gran desconsuelo y al ver que el niño no se callaba de ninguna manera, les sugerimos a sus padres, de la forma más educada que pudimos, porque los nervios también comenzaban a hacer mella en nosotros, que abandonaran la sala hasta que el bebé se calmase, pero ellos hicieron caso omiso. Tampoco pareció importarle mucho el tema al acomodador, al cual también nos quejamos, cometiendo lo que yo llamaría una dejación de funciones, porque además de alumbrar los asientos con sus linternitas, se supone que están para evitar incidentes de todo tipo, incluido este que era un tanto surrealista. Al final optamos por lo más sensato y lo único que estaba en nuestra mano, alejarnos de la criatura llorona y sus desaprensivos padres todo cuanto pudimos. Con el cine a oscuras, fuimos a tientas hasta encontrar dos butacas libres y nos sentamos, yo en la que daba al pasillo y mi marido, en la otra. Por fin respiramos aliviados al dejar atrás tan molesta compañía.
Vimos el resto de la película sin más contratiempos y disfrutamos de ella, porque todo lo que nos contaron previamente acerca de los efectos especiales era cierto. Además, sin dejar de ser una de esas películas que llevan el sello indiscutible de su polémico protagonista, la trama era muy entretenida y planteaba una serie de dudas existenciales interesantes, algo poco habitual dentro del género de la ciencia-ficción.
Se acabó la película, encendieron las luces y, de repente, oigo una voz familiar que le espeta a mi marido, con cierto tono de sorna y desconcierto al mismo tiempo:
- Pero, ¿vosotros qué hacéis aquí?
Se trataba de nuestra amiga Julia. Ambos estuvieron sentados codo con codo toda le película. Lo cierto es que no recuerdo la explicación que nos dieron, si acaso hubo alguna, para que ellos también cambiaran el día de su salida. Nosotros les contamos la visita por sorpresa de mi hermana y de con qué rapidez aprovechamos la ocasión para hacer nuestra pequeña escapada, una oportunidad que no se presentaba con mucha frecuencia. Creo que, de no haber sido por la llantina que pilló el bebé, nunca nos hubiéramos encontrado porque el cine era bastante grande y la afluencia de público fue enorme aquella noche en particular. Luego nos fuimos los cuatro a tomar una copa, charlamos durante un buen rato y nos reímos un montón de la pequeña anécdota que nos acababa de ocurrir.

* Avelina Chinchilla Rodríguez, alumna por Internet - San Juan (Alicante - España).

sábado, 18 de octubre de 2008

Las alumnas del Taller atacan de nuevo. Tema I - Una anécdota.

Richard Hamilton (representante del pop art británico)
¡Vida perra!
Berta-Isabel Cuadrado Álvarez *


Vaya, ¡tenemos compañía! ¡Ya está aquí la amiga de Gloria! Berta me para, a veces, cuando me grita más fuerte que Gloria, la madre de Kori. "¡Haika, ven por aquí! ¡No, no te acerques a la carretera!". A mí no me gusta que me detengan ¡Cómo me fastidia que me haga dar la vuelta! Además, ¿qué tiene ella que ver conmigo? ¡Creo que se toma demasiadas confianzas solo por haber sido profesora de Kori! Cuando veo a uno de esos bichos mecánicos que bufan apestosamente de un lado para otro, me priva lanzarme a todo pasto a desafiarlos: ¡A ver quién llega antes a las luces que cambian de color! ¿Creen que me van a ganar? Yo corro, y corro…, a veces hasta quedar exhausta. Menos mal que la mayor parte del tiempo llevo la lengua fuera, sino, ¡ya me habría (antes, sobra) muerto por falta de aliento! Siento que he nacido para no estar quieta. Yo no soy de esas que se acurrucan en un rincón a esperar que alguien les diga: "¡Vamos!". Voy de allá para acá, husmeo, olfateo todo ¡De todo me encanta enterarme! ¡Cómo gozo al ir con Kori por el campo, aunque ella es la más mandona de todas, pero yo la adoro! Es fuerte y a la vez pequeña, flacucha y frágil. Me gusta tumbarme a su lado cuando está ensimismada en sus cosas. Creo que el hecho de pasarme la mano por el pelo le ayuda a cavilar. A mí me emboba que me mesen el pelo, pero sobre todo, que me rasquen bajo la barbilla. ¡Me tiraría las horas muertas así! boca arriba, sin pensar en nada. Solo sentir su mano que me acaricia una y otra vez. Alguien podría decir que esto es aburrido. Pero no lo es para mí. Yo he nacido para ser una vaga y vivir a costa de los demás. Eso no quiere decir que no me preocupe, ni que no me esfuerce. Yo procuro hacer feliz a los que me rodean, ¿a caso no es eso un gran trabajo? No te creas que es tan fácil contentar a la gente. Unos se enfadan por esto o lo otro, otros quieren la marimorena..., pero yo siempre ahí, ¡dando el callo! Atenta a sus cabreos, sollozos, y tristezas, frustraciones..., para todo tengo un buen remedio... No me despego de ellos hasta que se fijan en que husmeo alrededor, hago travesuras..., solo para distraerles el mal pensamiento..., o rompo algo ¡que les pone más furiosos!..., pero se les olvida lo otro que les causaba el daño. Las cosas que yo destrozo no son importantes. Pero si yo percibo que a mi querida Kori le han roto el corazón, ¡eso si que no lo consiento!... Para eso es mi adorable ama y yo soy Haika, su perra fiel.
* Berta-Isabel Cuadrado Álvarez, alumna por Internet - Madrid.

viernes, 17 de octubre de 2008

Las alumnas del Taller atacan de nuevo. Tema I - Una anécdota.

Imagen de Internet

Comprando papas y cebollas


Pepi Núñez Pérez *



Repaso los alimentos que consumimos a diario y noto que me quedan pocas papas y cebollas, así que decido ir a comprarlas. Me cambio de ropa y me voy a la pequeña tienda donde me gusta adquirir estas cosas, en vez del Supermercado.
Mientras me pesan los alimentos, entra una vecina de ese edificio muy apurada y me pide que, por favor, deje que le despachen tres panes, que tiene mucha prisa. Le digo que sí. Mientras el chico se los empaqueta, ella, muy nerviosa, busca y rebusca en su bolso hasta que, con cara de agobio y como disculpándose, me mira y me dice:
–Tengo tantas cosas en la cartera, que no encuentro el monedero.
Yo sonrío y le contesto:
-Tranquila, a mí me ocurre lo mismo, de hoy no pasa que le de un repaso al mío.
Y es cierto, ayer, para buscar las llaves, casi me dan las uvas. No sé si a la mayoría les ocurrirá lo mismo, pero yo suelo llevar de todo. Primero agua, sí, sí, una botella pequeña, después, pañuelos de papel, una libretita donde anotar cosas y un bolígrafo, caramelos, almax, abanico, mi inseparable barra de labios, un espejito, el móvil, monedero, viejas entradas de espectáculos que vi hace meses, y no sigo porque esto es sólo de memoria, si traigo el bolso, no terminaría hoy. Siempre envidio a las amigas que llevan un bolsito minúsculo y encima fuman, yo no lo entiendo. Creo que tendré que quitar cosas o comprarme una pequeña maleta escolar con ruedas.


* Pepi Núñez Pérez. Alumna por Internet (Las Palmas de Gran Canaria-España).

Las alumnas del taller atacan de nuevo. Tema I - Una anécdota.

Imagen de Google


CAFÉ CARIBE

Adriana Salcedo Jaramillo *

"Los cafés con piernas" son una moda instalada en Santiago-Centro ya hace varios años. Circulan transeúntes a toda a hora a tomar un café al paso. Son atendidos en barras largas y delgadas por mujeres jóvenes y amables. Ellas visten trajes pequeños, ceñidos al cuerpo. Zapatos de alto taco les dan un toque sensual y elegante.
Cristina y Patricia atienden en el "Café Caribe" ubicado muy cerca del Teatro Municipal. Casi con puntualidad llego todas las mañanas a tomar un cafecito y fumarme un cigarrillo antes de empezar mi jornada. Tengo una gran simpatía con Cristina, ella posee una personalidad muy desenvuelta. Sin dejar de ofrecer siempre una sonrisa, mantiene a distancia a cualquier hombre que le sugiera un comentario subido de tono. A Patricia la veo con mucha ternura, de corta sonrisa y miradas asustadizas, profundamente incómoda dentro de su pequeño vestuario.
Ayer, cuando Cristina me servía el acostumbrado café, me preguntó:
-¿Cuánto mides de cintura?
-Eh, como unos 61 centímetros.
-¿Ves Paty?, tiene las medidas perfectas.
Inquieta e incómoda por su comentario le pregunté:
-Cristina, ¿quién te dijo que existen medidas perfectas?
-Bueno, se ven en las modelos y…
Sin dejarla terminar, continúe:
-Saben –dirigiéndome a las dos, y a quien quisiera escuchar-, las medidas perfectas no existen y tampoco las imperfectas. Es un tema llamado "moda", que lo dictaminan cuatro pelagatos, y nosotras los secundamos estrictamente, como si fuesen sabios en la materia. ¿Acaso se les ha impuesto a los hombres medidas perfectas? ¡Los hombres pueden ser flacos, guatones, regordetes, escuálidos…, y apuntan con el dedo cuando una mujer no guarda la llamada "figura esbelta"!
A lo que me respondió:
-¡Eh! ¡Qué buen discurso!
Terminé de tomar mi café con la mirada de varios clientes clavada en nosotras. Caminé hasta el Teatro con la cabeza gacha y con el corazón en pena. No creo que haya sido un buen discurso ni mucho menos. Es que, simplemente y a diario, las mujeres somos ofendidas de una u otra manera.


* Adriana Salcedo: alumna por Internet (Chile).

jueves, 9 de octubre de 2008

Colaboraciones externas: un relato de Pedro-Manuel MARTÍNEZ CORADA. Madrid (ESPAÑA).

Imagen encontrada en Internet

LA SOLEDAD DE LA GATA *
Pedro M. Martínez Corada

Aura Esthela nació en Ecuador la misma noche que murió la gata Flora. Fue en el plenilunio, cuando los dioses de la tierra y del cielo se reúnen para celebrar la armonía de las esferas del universo. El padre de Aura decidió poner este nombre a la bebita de pelo negro cuando vio la luna pálida, envuelta por un círculo de luz lechosa. Después bebió un trago de cerveza y le dijo a su compadre Franklin:
—Lo de la gata es buen presagio, créemelo. La niña llegará muy lejos…
Cuando tuvo veinticinco años Aura se marchó a España, días antes del Carnaval de la Mama Negra. Le debe todavía mil dólares a un señor de Saquisilí, que acaba de reclamar a su padre el pago de una cuota atrasada del empréstito. Hoy, sin falta, tiene que conseguir la plata para mandarla.
Son las seis de la mañana y Aura pulsa el botón del número cuatro en el panel del ascensor. Mientras sube recuerda cuando de niña iba al Caño Gordo a por agua y soñaba con trenes plateados que la llevaban a la ciudad. Es el primer apartamento que va a limpiar en el día. Podría haberlo hecho por la tarde, el dueño se ha ido de viaje, pero hoy tiene que aprovechar el tiempo. Aprieta el bolso contra el costado y siente como cruje el resguardo blanco que le dieron ayer en el banco, el justificante del último pago a la policía. Si todo va bien, en diez días tendrá tarjeta de residencia, un salvoconducto de plástico para entrar en el futuro.
Abre la puerta del piso, su apartamento preferido. Hay periódicos tirados en el suelo y vasos pringosos sobre la mesa de cristal del living, mas no le importa. Busca con la vista a la gata grisácea, panzuda como un oso de peluche y grandes ojos azules, pero no la encuentra. Tira el bolso sobre el escueto sofá, apaga el descuidado televisor, y se agacha un poco:
—Misi, misi, misi...
La gata, redonda como un melocotón, está debajo de la única cama del apartamento, observando fijamente a una cucaracha negra que acaba de caer desde el somier. Los ojos azules se le contraen hasta que casi forman una fina línea recta. El bicho está panza arriba y mueve con desesperación las patas y las antenas, intentando girarse. La gata no le quita ojo, alguien diría que con aire divertido, y eriza la cola aterciopelada. Espera. Al fin, el insecto consigue dar la vuelta y corre hacia el rodapié en busca de la guarida. La gata se lo traga de un bocado.
—Misi. Misi, misi... —Aura está en el pequeño cuarto de baño, regado con toallas en la bañera y el suelo.
Debajo de la cama, la minina cierra los ojos, se relame y con una de las patas delanteras se frota el hocico. El tránsito del cuerpo ovalado hacia el estómago termina y asoma la faz entre los faldones del edredón nórdico. Aura, que sale del baño, la ve:
—Cariño, ¿dónde estabas? Ya sé, quieres jugar... Ven. Ven aquí...
A Aura le gusta la gata. La quiere como si fuera propia. Cuando la ve firma un armisticio con el mundo. La gata ronronea y se frota contra las piernas de la mujer que siente el pelo suave del animal. Aura se deja caer en el sofá, la gata le salta encima del regazo y le lame las manos. Es una lengua caliente, húmeda, áspera. Aura se olvida del cuarto de baño, de la pileta del fregadero llena de platos manchados de grasa y acaricia las orejas de la gorda, erizadas como si fuera a haber tormenta. Los ojos azules del félido la miran, magnéticos como una constelación equinoccial, brillantes como los fuegos artificiales del Carnaval.
Durante unos minutos acaricia las patas y la tripa del animal, que ofrece la panza y las tetillas gustosa. Minutos que, sin embargo, son horas de vida recordada. Los padres, los hermanos, tan lejanos; la roja línea del horizonte en las tardes en que comían queso de hoja y ayuyas y el Curiquingue, el Capariche y el Caporal recorrían con sus disfraces las calles carnavaleras.
Es un momento que se concede Aura, todos los jueves, en el minúsculo apartamento, donde a veces llora un poco. Ella querría ser enfermera. O mejor doctora, en un gran hospital como los que salen en televisión, para ayudar a la gente, casarse y vivir en una casa con jardín y hacer cuy asado a sus padres. Pero se tuvo que ir sola a España, tras pedir un préstamo al señor de Saquisilí, después de darse cuenta de que nada había por hacer en el pueblo, que tenía que buscar otra vida.
Aura pone en el cedé un disco de Maná, mientras comienza a fregar los platos. Hace dos meses que no ve al dueño del apartamento, sólo alguna nota en la puerta, de cuando en cuando, da razón de que él existe.
Casi está terminando la canción Hechicera, cuando suena el teléfono. Aura se sobresalta un poco, pero menos mal que no se le cae la ensaladera que está enjuagando. Salta el clic del contestador y oye una voz de mujer que grita entre ruidos de coches:
—Javier, es el tercer recado que te dejo. Hoy es once de marzo y todavía no me has ingresado el dinero de Marta. Sabes que lo necesito... Como sigas haciendo el cabrón se lo digo al juez —Marta debe ser la niña rubita de una de las fotos que hay sobre la repisa de la mesa plegable, piensa Aura.
—Misi... Misi...
La gata no sale a despedirle cuando se va. Ya le dio su ración de cariño hace un rato. Otra vez está debajo de la cama, vigilando el rodapié con sus ojos azules como el cielo de verano sobre el Cotopaxi. Aura cierra con cuidado la puerta del apartamento y acaricia de nuevo el bolso. Tiene que darse prisa o perderá el tren para la estación de Atocha. Sonríe en el ascensor pensando que dentro de poco quizá pueda traer a sus padres: cada vez hay más apartamentos que limpiar.
La gata cierra los ojos y dormita. Hace ya mucho tiempo que se acostumbró a la soledad.


_________
(Relato perteneciente al libro Nunca llueve sobre el Sáhara (Ed. Mandala y LápizCero – Madrid 2008) ISBN 978-84-935712-8-3 Página web del autor: http://www.martinezcorada.es/)
* Cuento finalista en el 2º Concurso de relatos de UGT y el Ayuntamiento de Alcobendas (Madrid), Inmigración, emigración e interculturalidad. Fue publicado originalmente en el libro del mismo nombre, editado por dichas instituciones en 2006.
__________
NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA DEL AUTOR.- Pedro Manuel Martínez Corada (Madrid, España; 1951), narrador y fotógrafo. Llegó a la escritura de la mano del Taller Literario de El Comercial, del que es uno de sus miembros fundadores, en cuyo trabajo participa desde el año 2000. Varios de sus relatos se encuentran publicados en los libros Los cuentos de El Comercial (Taller de El Comercial, Madrid-2002) y Vampiros, ángeles, viajeros y suicidas (Kokoro Libros, Madrid-2005). Es cofundador del colectivo de cultura Margen Cero y director de la revista digital de Arte y Cultura Almiar, socio fundador de la Asociación de Revistas Digitales de España (A.R.D.E.).
En el año 2005, fue elegido finalista en los Certámenes Literarios de la Universidad Popular de Alcorcón (Madrid). En 2006, resultó finalista, así mismo, en el II Concurso de Relatos «Inmigración, emigración e interculturalidad», convocado por la Unión General de Trabajadores y el Ayuntamiento de Alcobendas (Madrid), y recibió el primer premio del I Certamen de Relato Breve de la Asociación Amigos del Foro Cultural de Madrid.
Relatos suyos han sido publicados en revistas digitales de distintos países: Narrativas - Revista de narrativa contemporánea en castellano (España); Heterogénesis (Suecia); Proyecto Patrimonio (Chile); El Escribidor (España) y Revista El Interpretador (Argentina).
En marzo de 2008 publicó Nunca llueve sobre el Sáhara (Ed. Mandala & LápizCero), su primer libro de relatos en solitario.

Web: http://www.martinezcorada.es/

martes, 7 de octubre de 2008

Colaboraciones externas: un poema de Delfina Acosta, Asunción (Paraguay).


ESTATUA EN LA PLAZA VERDE



Te esperaría. Yo sería, amado,

la primera en llegar hasta la vía,

y la última en volver, con un paraguas,

de la estación del tren que te traería.

Iré hasta el mar como la lluvia, a veces,

y pasaré del mar a la otra cita,

en el muelle del puerto, frente al río.

Seré la gris silueta que tirita.

Inmensamente sola como novia

saldré a buscarte y volveré tardía.

Del balcón a la plaza partiré.

Seré una estatua de melancolía.

Y a la hora puntual de nuestras muertes,

si llegara primera a nuestra cita,

te estaré ya aguardando para darte

mi amor en una blanca margarita.

© Delfina Acosta

(Del libro Todas las voces, mujer...)

sábado, 4 de octubre de 2008

Colaboraciones externas: un micro relato de Laura-Elena Bermúdez de Tesolín, Santa Fé - ARGENTINA.

Foto obtenida en Internet - Google
ANALÍA ®
Laura-Elena BERMÚDEZ DE TESOLÍN



Analía mordió su labio inferior, mientras recitaba el Padre nuestro. Sus ojitos buscaban una dádiva a su petición diaria y cotidiana. Cuántas veces en el día repetía la misma frase: ”El pan nuestro de cada día dánosle hoy...” Lloraba pensando que Dios no la tuviera en cuenta por algo malo que haya hecho y que no recordara. ¡La mesa familiar, dios, tan vacía como su pancita!
Había Aprendido de unos religiosos la oración que debía aportarle el milagro de la comida, solo eso deseaba. Porque la muerte iba a venir también en su búsqueda (como se los llevó a sus hermanitos) y esa maligna no amenazaba, cumplía.
Ella era la mayor de diez hijos, quien debía quedarse al cuidado de los más pequeños mientras su madre, salía a mendigar por las calles.
Mordía su labio inferior intentando saborear el último resto de un pan duro. Delicioso manjar que disolvió en su boca, como una hostia interminable y eterna, tan ancestral como el hambre… Temblaron sus bracitos como ramas al viento, eran manos invisibles en súplicas que se perdieron entre el bullicio, de una sociedad indiferente.

______
Nota biobibliográfica.- Laura Elena Bermúdez de Tesolín, escritora nacida en Santa Fe Capital el 1/5/51. Despierta su pasión por la poesía en su adolescencia, ensayando sus primeros poemas de amor. En el año 2001 comienza su verdadera pasión y dedicación a escribir, edita narrativas breves en Antologías compartidas con otros autores latinoamericanos, es invitada también por una editorial de Madrid a compartir con autores de todo el mundo Antologías. Participa en diversos encuentros de Escritores inéditos y conocidos e internacionales, también en diferentes páginas Web como Artesanías. Argentina.
Es miembro de Poetas del Mundo por la paz y también tiene participación en la Voz de la palabra escrita Internacional. Editorial Dunken le ha editado una poesía en la Antología “Agujas del Tiempo”que fuera presentada este año en la Feria internacional del Libro en Buenos Aires. Sus dos únicos hijos literarios son dos cuadernillos “Fisonomía” y “Latidos Profundos”.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Colaboraciones externas: un micro relato de Alejandro ALONSO LEÓN (U.S.A.)

Gérard - Ermitaño leyendo, 1661
Ah, los recuerdos...
Alejandro Alonso León



Con mano temblorosa, el anciano tomó el delgado libro de tapas doradas y lo abrió. Se escuchó entonces una hermosa melodía. Hubo una breve pausa y luego comenzó a sonar la dulce voz de una dama, que en una lengua muy antigua, relataba una historia. El anciano escuchaba con atención y, a ratos, añadía alguna palabra en la misma lengua de la narradora. Terminó la grabación y el anciano cerró el libro, mientras corrían dos gruesas lágrimas por sus hundidas mejillas.

____
Biografía.- Me llamo Alejandro Alonso León. Nací en Cuba en 1966, pero emigré a USA en el '97. Me gradué como Licenciado en Lengua Inglesa, en la Universidad de La Habana. Escribo desde muy joven, aunque no conservo ninguno de mis primeros trabajos (lo que es un alivio, porque de seguro eran bastante malos). Otras muestras de mi labor literaria pueden leerse en:

http://instantaneasyrelampagos.blogspot.com/

http://cuadernosdelescriba.blogspot.com/
trucos blogger

EFEMÉRIDES QUE NO DEBEN DE SER OLVIDADAS

EFEMÉRIDES QUE NO DEBEN DE SER OLVIDADAS

14 de Febrero - DÍA DE SAN VALENTÍN

14 de Febrero - DÍA DE SAN VALENTÍN
Picad sobre la imagen para saber más de la historia del santo y de esta efeméride.

21 de marzo: Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down

21 de marzo: Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down
(Pica sobre la imagen).

21 de Marzo-Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial

21 de Marzo-Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial
(Pica sobre la imagen)

Agua para todos

Agua para todos
22 de Marzo, día Mundial del Agua

17 de Junio

17 de Junio
Día Mundial de lucha contra la Desertificación y la Sequía (Pica sobre la imagen)

22-IV-2011 - Día Mundial de la Tierra

22-IV-2011 - Día Mundial de la Tierra
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25 de Noviembre Día Internacional Contra la Violencia Hacia la Mujer

25 de Noviembre Día Internacional Contra la Violencia Hacia la Mujer
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Día de los derechos del Niño: 20-XI-09

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El libro es un lujo que sólo se huele

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Parece un espacio mágico arrancado de El Cairo de Naguib Masouf o el Bagdad de Las mil y una noches, un remanso de paz en el que no se escuchan los cláxones de los automovilistas impetuosos que parecen dialogar entre ellos desde sus bocinas. La librería Behzad es un oasis, un lugar hermoso y desordenado repleto de libros, cuadros, mapas, postales, fotografías y polvo, sobre todo mucho polvo (el sello de Kabul), en el que cada objeto parece guardar un equilibro perfecto con el que tiene al lado. (Pica sobre la imagen).

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La civilización 'yope' muestra sus tesoros. En la foto Juego de Pelota en la zona arqueológica de Tehuelco - México. (Pica sobre la foto).

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Los periodistas que estuvieron presentes describen emocionados una escena que bien podría haber salido de 'En busca del Arca Perdida' o cualquiera de sus secuelas. El interior de la tumba faraónica, 2.600 años en la oscuridad, sólo estaba iluminado por antorchas y por los focos de las cámaras de televisión invitadas al evento. (Pica sobre la imagen).

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20 países la han ratificado, entre ellos España, Cuba, Ecuador, México, Panamá y Paraguay. (Pica sobre la foto).

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«¡Alá u-Akbar!» (¡Dios es el más grande!) es lo que exclamó rais Ali Farouk cuando entró, junto a José Manuel Galán, a la cámara mortuoria de Djehuty. Ante sus ojos se revelaba una imagen que nunca nadie «hubiera imaginado en sueños encontrar: una Capilla Sixtina del 1500 a.C», confesaba ayer Galán, director de la campaña arqueológica hispano-egipcia que lleva por nombre Proyecto Djehuty y que desde hace ocho años se desarrolla en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en la orilla occidental de Luxor (antigua Tebas)... (Pica sobre la imagen).

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Las autoridades mexicanas estudian la compra de una casa con vistas al mar en Acapulco, propiedad de los herederos de la fallecida coleccionista Dolores Olmedo, en cuyas paredes su amigo, el pintor Diego Rivera (1886-1957), dejó cinco murales con motivos prehispánicos. (Pica sobre la imagen).

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La Alcazaba de Almería abre al público uno de sus rincones más secretos: las mazmorras. La actividad denominada El espacio del mes, con la que el monumento ofrece una lectura más detallada sobre algún elemento del recinto con visita guiada, se ha ampliado ante la expectación que ha levantado este lugar de cautiverio. Las mazmorras pueden verse los miércoles, jueves y viernes de septiembre a las 18.30. (Pica sobre la imagen).

Revolución en el museo de Orsay

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"Quiero que el siglo XIX no se acabe nunca". La frase, en palabras de Guy Cogeval, director del Museo de Orsay, resume la misión que se ha marcado: poner patas arriba el mayor museo mundial de arte del XIX. Una auténtica revolución que ya ha comenzado y que supondrá el salto al siglo XXI de una institución que nació en 1986 como una de las mayores apuestas francesas en la historia del arte. Uno de los beneficiados será España: un centenar de joyas de Orsay aterrizarán el año próximo en la Fundación Mapfre de Madrid, como primera etapa de todo un periplo internacional. (Pica sobre la imagen).

Si es un 'miguel ángel', es un chollo

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'El tormento de San Antonio', la que se supone que es la primera obra de Miguel Ángel Buonarroti, elaborada cuando tenía unos 12 años, ha sido comprada por un museo de Texas (EE UU), señala The Guardian. (Pica sobre la foto)

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Descubren el planeta extrasolar más pequeño, algo mayor que la Tierra. (Pica sobre imagen).

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Es un pequeño objeto dorado que Cosimo I de Medici, Duque de Florencia, levanta con la mano derecha en un óleo pintado en 1560 por Maso da San Friano. Este mecenas de las ciencias del siglo XVI mira al espectador 450 años después con cierta arrogancia. No es para menos, sostiene una pieza de tecnología punta de su tiempo: un reloj. (Pica sobre la foto).

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Guatemala, 13 sep (EFE).- Un grupo de biólogos marinos detectó la presencia de una especie de peces destructores en las costas del Caribe guatemalteco, cuya masiva reproducción podría poner en peligro al ser humano. (Pica sobre la imagen).

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El artista escocés pintó el cuadro sólo meses después del descubrimiento de este cuerpo celeste por un astrónomo italiano. (Pica sobre la imagen)

La historia de Urania, musa de la astronomía

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La creación de esta divinidad menor hija de Zeus demuestra la importancia de esta ciencia desde la antigüedad -Año internacional de la Astronomía-. Los griegos de la antigüedad plasmaron los grandes misterios de la creación en una gran variedad de mitos. La Teogonía escrita por el poeta beocio Hesíodo en el siglo VII a. C. contiene los primeros relatos estructurados sobre el origen del universo, los dioses y el ser humano, partiendo de mitos y poemas procedentes de una tradición oral. Las musas eran divinidades menores hijas de Zeus y la titánide Mnemósine (la Memoria). Según Hesíodo eran nueve: "Ella dio a luz a nueve jóvenes de iguales pensamientos, aficionadas al canto y de corazón alegre, cerca de la más alta cumbre del nevado Olimpo". Se movían entre el Olimpo, al que eran llamadas a menudo por Zeus para alegrar sus fiestas, y el monte Helicón, donde formaban bellos coros y recorrían sus ríos y valles. (Pica sobre la imagen)

La NASA difunde unas fotos tomadas por las nuevas cámaras del telescopio Hubble

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Washington, 9 sep (EFE).- La NASA difundió hoy espectaculares fotografías de galaxias, estrellas y nebulosas captadas por las nuevas cámaras del telescopio espacial Hubble. (Picad sobre la imagen para saber más)

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