¿QUÉ BENEFICIOS SE OBTIENEN AL MATRICULARSE EN UN TALLER LITERARIO?

Preguntas como esta, o tales como:
- ¿Es bueno matricularse en un taller literario?
- ¿Qué me aporta el matricularme en un taller literario?
- ¿Seguro que se puede aprender a escribir en un taller literario?

Preguntas similares y muchas más las he estado escuchando los últimos seis años, los que tiene de vida el taller.
A quienes me las hacían, bien por correo electrónico, bien por teléfono, traté de sacarles de dudas lo mejor que supe o pude.
He de decir que, como tallerista que fui durante más de ocho años en uno de los más antiguos aparecidos en la ciudad de Madrid, más dos cursos en una escuela de prestigio diré que:
1.- Los genios literarios, salvo muy raras excepciones no nacen, se hacen a base de esfuerzo y trabajo constante (al igual que cualquier trabajador en la disciplina que sea: para ser realmente bueno es preciso constancia y trabajo).
2.- En todas las universidades anglosajonas, los talleres literarios son una asignatura más en las facultades de letras.
3.- Cualquiera que sepa redactar medianamente bien, y que tenga inquietudes literarias, puede ser un magnífico alumno.
4.- A un taller literario hay que llegar con humildad y con el pensamiento de que se va a aprender, no creyéndose de entrada un Cervantes o mejor que el insigne alcalaíno porque será un pésimo alumno que no se dejará corregir, se aburrirá y entorpecerá las clases.
5.- Quizá este punto debí ponerlo en el 1º o 2º lugar. Escribir es: CORREGIR, CORREGIR, CORREGIR y CORREGIR, de tal modo que el texto quede pulido, tanto como una pista de patinaje por la que, el lector, deslice la vista y no se encuentre obstáculo alguno que le haga desechar la obra que tiene entre manos bien por aburrimiento, falta de comprensión, exceso de rimas...
6.- Y por último, para no aburrir como pongo más arriba, quien desee escribir, llegar a tener un estilo propio, debe leer mucho y bien, es decir: beber de los autores clásicos y contemporáneos pero no sólo ir a conocer el argumento, sino ver las figuras retóricas empleadas, el tono, el estilo, las formas de lenguaje... Es necesario hacer un estudio en profundidad e, incluso, intentar parecérsele (con los ejercicios de intertextualidad) y, cuando menos se lo espere, habrá llegado, si no a la cumbre, sí a empezar la escalada de esa montaña que, aunque parezca que no, se conseguirá con tesón.

Un saludo, Juana Castillo


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sábado, 27 de septiembre de 2008

Presentación del primer libro del Taller

Pluma y Tintero tiene el placer de invitarte a la presentación y lectura de la antología Un sueño dorado, primer libro de relatos del Taller.


El acto tendrá lugar en el Centro Cultural “Pablo Picasso” el próximo día 13 de octubre, lunes, a las 19 horas. Calle Seseña, nº 9.
Autobuses: 25 – 55 – 138
Metro: Casa de Campo, Campamento y Aluche.


Nos encantará encontraros allí,
Las autoras.
Madrid, 27 de Septiembre de 2008

___________
Nota.- Todo aquel que desee un ejemplar puede solicitarlo y se le enviará por correo postal contra reembolso de 14 €, más los costos devengados por gastos de empaquetado y envío.
Contactar vía e-mail con Juana Castillo: plumaytintero@yahoo.es . Tenéis que mandar: nombre y apellidos, dirección (calle, número, piso), código postal, provincia y país.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Colaboraciones externas: un relato de Blanca del CERRO, Madrid (España)


EN BUSCA DE LA LUZ ®

Blanca del Cerro



Yo no quería hacerlo, madre, te aseguro que no quería, pero no pude resistir la tentación. Había tanta claridad, y tanta luz allá al fondo, y la tierra extendiéndose hasta no sabía dónde, y los árboles, tan verdes, muy similares a los de nuestro país, aunque no tan grandes y no tan frondosos, llamándome a gritos, las plantas entonando canciones de cuna al anochecer, y la luna haciéndome guiños de complicidad en el cielo, era tanto lo que me llamaba fuera, que no supe decir que no. Por eso, cuando vi la puerta entornada y comprendí que bastaba con un pequeño empujón para abrirla, me lancé sin pensar hacia el infinito de un más allá desconocido. Yo no quería hacerlo, madre, de verdad, sabes que no te miento, sabes que nunca te he mentido, pero una voz en mi interior, un algo superior a mi voluntad, me impulsó. Y salí. Salí en busca de la luz. Era totalmente de noche. Ya había quedado atrás ese instante que tanto te gusta, cuando las sombras empiezan a reptar por los pliegues incoloros del día y se apoderan de ellos hasta convertirlos en cenizas. Por eso me fui. Así, sin pensarlo. Fue fácil: sólo un empujón.
Al salir me recibió un murmullo de sombras que me abrazaron. Todo era silencio y noche. Dudé un poco, pero aquella era mi oportunidad y no podía desaprovecharla. Salí al exterior y me metí de lleno en la oscuridad. Las estrellas me saludaron contentas. Y empecé a caminar.
Nada se parecía a lo que yo imaginaba, porque lo que encontré al salir no fue sólo un bosque, los árboles que veía desde dentro, ramas y hojas, sino un extraño paisaje compuesto por algo cuyo nombre desconozco, pero que podían ser casas, casas muy altas, mucho más altas que las de nuestra tierra, que llegaban al cielo, con miles de ventanas, unas con soles, otras sin soles –debía haber soles diminutos encerrados en su interior- y donde no existía horizonte porque el horizonte quedaba cubierto por esos curiosos monstruos de variadas formas. Me detuve un instante para contemplarlos. Jamás en mi corta vida había visto nada parecido. La verdad es que no me gustaron, por eso me dirigí hacia el bosque que me llamaba. De verdad, madre, el bosque me llamaba suavemente y no podía negarme. Era una voz muy dulce, casi como la tuya, una voz verde compuesta de hojas, ramas y flores.
Y al entrar y encontrarme cubierto por los árboles, me sentí como en casa, no la de aquí, sino la de allí. Aunque casi no la recuerdo, pero si recuerdo el aire tan suave, y la luz eterna, y los olores.
Qué distintos son los olores aquí. No alcanzo a distinguir muchos de ellos, mi olfato se pierde ante tanta variedad y tanta diferencia. Son otros, no tan puros y con multitud de mezclas, no sabría explicarlo bien. Por eso no pude encontrarte, al final, cuando quise volver y no conseguí percibirte.
Anduve tranquilamente, arropado entre las sombras, y llegué a aquel lugar desconocido. Me cobijé tras unos setos que se extendían en torno al bosque, asomé un poco la cabeza y vi que no había nadie.
Lo que contemplé fue un terreno muy amplio, una parte formada de tierra y otra de hierba verde, con muchas flores y plantas alrededor y, en el centro, un algo extraño de piedra de donde salían varios chorros de agua. Aquello tenía un cierto parecido con nuestro hogar, madre. Me gustó. Me encontré a gusto, como si fuera un retorno.
No sé explicarte bien cómo me sentía, me recorría una sensación extraña, como si una mano suave me acariciara la piel, como si una voz dormida me susurrara al oído que mi vida podría volver a ser como era porque, a pesar de mis escasos recuerdos, a pesar de que aquí me encuentro bien en determinados aspectos, prefiero todo aquello que dejamos o que perdimos, no lo sé.
Paseé lentamente por aquel pedazo de terreno que me atraía, caminé por los senderos, me detuve ante las flores, observé las plantas, escuché el sonido del agua. Me sentí a gusto respirando paz. Miré a un lado y a otro y, ante la evidente ausencia de toda señal de vida, decidí acercarme a beber un poco de los chorros porque tenía sed.
Aquella decisión fue un error, lo confieso, porque, en el momento en que me encontraba bebiendo tranquilamente, salió una persona del bosque que quedaba justo detrás de mí. Al oír sus pasos, giré la cabeza. El hombre, porque era un hombre, venía corriendo casi sin ropa, o con muy poca. Se acercó adonde yo estaba. Al verme, se detuvo en seco, abrió mucho los ojos y la boca, y apretó los puños. Nuestras miradas se cruzaron un instante. Los ojos del hombre encerraban puntitos de terror, que son puntitos amarillos que brillan en las pupilas cuando alguien siente miedo, eso sí lo sé. Estuvo unos segundos quieto, como si no supiera qué hacer, como si dudase, empezó a caminar hacia atrás, muy lentamente, un paso, dos, tres y, al tropezar con uno de los árboles donde comienza el bosque, dio media vuelta y salió corriendo. Yo lo miré asombrado sin comprender su reacción y continué bebiendo.
Cuando los hombres vienen a casa, cuando vienen a verme, siempre van acompañados de niños, y todos ríen. Nadie se asusta, al contrario. Me gustan los niños y me gusta su risa. Es como los trinos de los pájaros de nuestra tierra, porque aquí no hay muchos pájaros, o al menos yo no los he visto, lo cual es un poco triste. No me puedo imaginar el mundo sin ellos. ¿Cómo es posible vivir sin escuchar sus canciones?
Después de beber, comprendí que tenía hambre, ya que no había comido nada desde el día anterior. Fue en ese momento, tras sentir una punzada en el estómago, cuando por primera vez pensé que tal vez había sido un error escaparme de casa, porque allí tengo todo lo que deseo, nunca me falta agua, nunca me falta comida, aunque sí me falta la luz, esa luz tibia que merodea por el exterior y que se queda siempre a las puertas de nuestro hogar. Por eso salí a buscarla.
Comencé a caminar lentamente, mirando hacia todas partes. Necesitaba alimentarme.
A lo lejos, junto a un muro no muy alto, divisé una especie de cajas grandes llenas de bolsas. Despedían un extraño olor. Me dirigí hacia ellas atento a cualquier sonido. Al llegar a la valla, me acerqué a aquellas cajas grandes, abrí una de las bolsas y encontré desperdicios y restos de carne. En principio me disgustó porque no estaba muy limpia y no había mucha, pero sí suficiente para calmarme. Aunque sentía un poco de asco, no tuve más remedio que comerla.
La luz de la mañana empezaba extenderse por todas partes. Era el amanecer saludando al mundo.
Di media vuelta y volví a la pradera.
Y después de comer, ya con el estómago medio lleno, me asaltó tu recuerdo, madre, y te eché de menos. Empecé a pensar en que había cometido un error al separarme de ti, así, de repente, sin decirte una palabra. Y añoré tus caricias. Había ido en busca de la luz, pero te dejé sola en casa. Permanecí un rato quieto, sin saber qué hacer, sin decidirme, porque, por una parte, deseaba volver a tu lado pero, por otra, la luz gritaba tanto… Y pensé que la luz sería maravillosa, pero de nada valía sin tu presencia.
En ese instante, oí un ruido. Eran pasos. Los pasos de alguien que se acercaba. Quise encaminarme hacia unos arbustos, pero no sirvió de nada porque no llegué a tiempo. Casi tropecé con la figura de una mujer rubia que caminaba por el bosque, llevando varios libros en las manos. Nos encontramos frente a frente. Por un instante pensé que se aproximaría y me saludaría, pero no fue así. Al verme, se detuvo en seco, abrió mucho los ojos, profirió un grito espeluznante, y cayó muerta ante mí. Los libros se desparramaron. Quedé paralizado. Aquello fue realmente terrible. Yo no había hecho nada. No alcanzaba a comprender por qué razón mi presencia resultaba agradable en casa y fuera de ella todos se asustaban. Algo extraño debía estar pasando.
Me quedé mirando aquella figura, dulce y blanca, tendida en el suelo. No era joven pero tampoco vieja, muy parecida a las madres de los niños que vienen a visitarnos. Su cabello rubio le caía por los hombros y parecía muy suave. Di unos pasos y me acerqué a ella. No estaba muerta porque respiraba. Le acaricié el rostro y ella continuó allí, muy quieta, sin abrir los ojos, sin un solo movimiento salvo el de su pecho subiendo y bajando al compás de la respiración.
Fue entonces cuando pensé que debía huir de allí porque, en caso de que aparecieran otras personas, seguramente me acusarían de haber hecho daño a aquella mujer rubia. No sería cierto, yo no podría hacer daño a nadie pero, ¿cómo explicarlo?
Levanté la cabeza dispuesto a alejarme, a volver junto a ti, miré a un lado y a otro y sentí como si el ese mundo oscuro al que había salido me hubiera tragado, me hubiera engullido en sus fauces, y comprendí aterrorizado que estaba perdido, que no sabía hacia dónde dirigirme, porque había dado tantas vueltas que desconocía el camino hacia mi hogar, hacia ti. Aspiré el viento para percibir tu olor pero hasta mí llegaron cientos de aromas desconocidos entre los que no estaba el tuyo.
Por mi mente pasaron en un instante millones de pensamientos en los que se mezclaban mi casa de allí, mi casa de aquí, la claridad que se abría paso con suavidad entre las nubes, amaneceres y atardeceres cargados de luz, y tú, sobre todo tú, madre, que probablemente me estarías esperando. Me senté en el suelo, junto a la mujer rubia, a la espera de la nada. La observé en silencio, deseando que despertara. No sabía qué hacer. Quise llorar y no pude. Te echaba de menos, echaba de menos tus caricias y la tranquilidad del hogar.
Tal vez la luz no existe para mi, o tengo que esperar más tiempo para buscarla, quizás ahora es demasiado pronto, aunque más adelante pueda ser demasiado tarde, es posible que la luz esté reservada para unos pocos y yo no sea uno de ellos, o probablemente cuando tienes edad suficiente para encontrarla ya no quieres o no puedes hacerlo, o no existe edad para ello. Quién sabe.
Al fondo oí de nuevo el sonido de otros pasos. Me levanté sin separarme de la mujer rubia que yacía a mi lado y escuché. Comprendí que esta vez no se trataba de una sola persona, sino de muchas, oía sus voces, murmullos perdidos en el aire, ecos resonando. Se acercaban. Me agazapé junto a los arbustos.
Nadie apareció por los alrededores.
Asomé la cabeza y pude ver a unos cuantos hombres agachados detrás de los setos que quedaban frente a mí, todos juntos. Uno de ellos era el primero con el que me había topado hacía un rato y había salido huyendo, otros me resultaron conocidos de casa, el director, el joven moreno y agradable que nos sirve todos los días la comida, y varios más, pero no sabían ocultarse bien porque yo podía verlos perfectamente desde donde me encontraba. Algunos llevaban en sus manos unos palos largos, no comprendí porqué y no comprendí qué eran ni qué iban a hacer con ellos, pero sí supe que aquellos hombres venían a por mí.
Bajé la cabeza y pensé en ti, madre.
No creía que la carrera hacia la luz iba a ser tan complicada. Al fin y al cabo, siempre está allí, a la espera, y yo lo único que había hecho era salir a buscarla. Claro que lo difícil no es buscarla, sino encontrarla.
Allí, en nuestra tierra, siempre había luz, eso sí lo recuerdo, una luz incolora que nos arropaba y nos hacía sentir distintos, porque no teníamos que perseguirla, se encontraba junto a nosotros, siempre acariciándonos con sus manos y sus dedos suaves, tan blancos. Porque la luz es muy suave y muy blanca, y podía verse a través de las ramas que nos cobijaban.
Las voces de los hombres se extendían y llegaban a mí, aunque no podía entender lo que decían. Ellos miraban hacia el lugar dónde yo me encontraba y señalaban con sus manos los arbustos. Eran muchos. Yo no podía moverme. La verdad, madre, es que tenía miedo, mucho miedo, porque en ese momento supe que no había hecho bien en escaparme, que debía haberme quedado contigo, a tu lado. Es una lástima que nos hayan quitado la luz. Si no hubiera sido por ella…
Los hombres continuaban hablando y mirando mientras yo los observaba a través de los arbustos.
Pude ver que tres de ellos se separaban del grupo y se dirigían dando un rodeo hacia el lugar donde yo estaba. Los tres caminaban muy despacio, aparentemente con gran cautela, mientras el resto permanecía de pie, tras los setos, colocándose junto a la cara y sobre los hombros los palos que llevaban en las manos.
Uno de los hombres que se aproximaba a mí era el joven moreno que nos sirve todos los días la comida. Es una persona muy agradable que nos habla con cariño y nos trata bien. Iría a buscarlo. Él no me haría daño. Los otros dos llevaban también palos que, al igual que el resto, se colocaron sobre un hombro, contra el rostro. Parecía que tenían miedo, yo lo percibía, porque el terror se percibe de lejos.
Me quedé muy quieto.
Surgieron de detrás de los árboles y, en un instante, nuestras miradas se cruzaron.
No podría explicarte, madre, lo que sentí en aquel momento, fue como si me quitara un gran peso de encima pero, a la vez, comprendí que había perdido la luz para siempre. Y una gran tristeza me arrasó por dentro.
Los tres hombres se plantaron a unos metros de mí, en el centro el joven moreno que nos sirve la comida todos los días, y los otros a los lados, con los palos sobre los hombros mirándome directamente.
El joven moreno dio unos pasos encaminándose muy lentamente al lugar donde yo estaba, a la vez que decía:
- Tranquilo, Dargo, ya estoy aquí, no te asustes, no te asustes.
No sé porqué razón pronunció esas palabras, porque yo no me sentía asustado y estaba muy tranquilo. Me levanté y quise dirigirme corriendo hacia él a saludarle, a decirle que deseaba volver a casa, junto a él, junto a ti, madre, pero, en ese momento sonó un estallido, o tal vez dos, no lo sé, un estallido que retumbó y retumbó, parecía que todos los palos que llevaban aquellos hombres se habían roto, hasta el aire quedó detenido por un instante, el eco del estampido llegó a mi, todo se nubló a mi alrededor, las figuras empezaron a retorcerse, los árboles, las flores, el agua, todo se volvió borroso, y yo cerré los ojos y sentí sueño, mucho sueño, y creo que entonces me dormí. Mi último pensamiento estuvo dirigido a ti, madre.
Al día siguiente, los habitantes de aquella pequeña ciudad perdida entre las montañas, pudieron leer la siguiente noticia en el periódico local:

“En el día de ayer, un extraño suceso tuvo lugar en nuestra localidad. De forma incomprensible, amparado en la oscuridad de la noche, un cachorro de tigre escapó del circo que durante estos días se encuentra instalado a las afueras del pueblo y nos alegra con su espectáculo. Alertados por un vecino que había salido de madrugada a practicar deporte, la policía, el director del circo y el domador de “Dargo”, que así se denomina el cachorro, hallaron a éste merodeando por el Parque de la Fuente de Piedra, cercano al lugar donde se ha levantado el circo. Junto al cachorro, se encontraba desmayada nuestra querida alcaldesa, Doña Antonia Robles, que al parecer se topó con “Dargo” camino de su trabajo y que, afortunadamente, no sufrió ningún daño. Finalmente, y tras un amplio despliegue policial, la fiera pudo ser capturada mediante el disparo de un somnífero. El domador nos ha explicado que no comprende cómo consiguió salir del recinto. En este momento, el cachorro ya se encuentra encerrado junto a su madre".
__________
Breve reseña biobibliográfica.- Blanca del Cerro nació en Madrid. Cursó sus estudios en el colegio de Jesús-María, en esta misma ciudad. Estudió Filología Francesa, Traducción e interpretación y lleva veinte años dedicada a la labor de traductora, aunque su asignatura pendiente ha sido la escritura.
Luna Blanca es su primer libro publicado y confía en que sea la puerta de entrada al mundo de la literatura.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Colaboraciones externas: una pintura de Francisco ARROYO (Córdoba-ESPAÑA)

Francisco ARROYO CEBALLOS ®

Ambientes


Nota sobre el autor.- Francisco ARROYO CEBALLOS. Artista plástico Cordobés (España) autodidacta, abstracto, perteneciente al grupo Internacional Art Around The World con sede en MIAMI (USA), a la Asociación Cultural Aires de Córdoba, a la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos SAAP y a la Federación Internacional de Artistas Plásticos ACEA´S (Barcelona). Miembro del Proyecto DIN A4 (Holanda).
Director de Promoción Artística de FAIM 2005 (Feria de Arte Independiente en Madrid). Crítico de Arte Independiente. Fundador de los grupos artísticos “Colectivo CERO” y “conectARTE”. Delegado en España del PIAG Museum of Miami. Más de 120 exposiciones individuales y colectivas realizadas.
La técnica utilizada en todas sus vertientes artísticas es la mixta tomando como base el óleo sobre ocumen y con marcados relieves en la forma.

Todos los derechos reservados. Esta ilustración digital no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroscópico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor.


jueves, 18 de septiembre de 2008

Primer Premio en el III Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego"

Fontana di Trevi, Roma
(Encargada por Urbano VIII en 1629 a Bernini y
terminada en 1762 por Giuseppe Pannini. Es obra de varios autores)
FRANCESCA O EL ARTE DE LA BUENA ESPERANZA
Ginés MULERO CAPARRÓS
(Viladecans-Barcelona-ESPAÑA)

Este Relato está inspirado de un hecho real
A Manuela, mi madre
Francesca tenía unos ojos glaucos de esperanza. Límpidos. Ella había intuido que ya no podría tener más hijos. La Doctora Giulia le dijo que todo era psicológico. Cuando la doctora nos dio la buena nueva, rompimos a llorar de emoción. Abrimos nuestras compuertas a las lágrimas de la inercia. Llevábamos cuatro años -los mismos que tiene nuestro hijo Paolo- soñando con la noticia. Francesca no quería que el piccolo Paolo creciera sin atesorarse con un hermano de edad próxima, porque se convertiría en un bambino mimado, caprichoso y tirano. Todavía le temblaban las lágrimas turbias en las pupilas cuando salimos a la Via dei Fori Imperiali. Aunque enlagunados, sus inmarcesibles ojos verdes jaspeados emanaban una sonrisa de felicidad radiante que le tiraba de las comisuras. Con un silencio cómplice, nuestras manos unidas se apretaron con enjundia al pasar junto al Colosseo...
-Jean Luca -me dijo Francesca-, soy tan feliz que gritaría desde la raíz del alma.
-No te contengas. ¡No creo que molestemos a los gladiadores!
Francesca abrevió el paso, acunó con ambas manos sus mejillas, depositó su mirada huidiza en el recoveco de una grieta antigua; serpenteaba una idea por su mente:
-Para celebrarlo deberíamos recoger al piccolo Paolo, tomar un taxi hasta el Aeroporto Leonardo da Vinci y allí enlazar con la primera cigüeña hacia París.
-En tu nuevo estado no te conviene viajar, recuerda que llevas una bella ragazza en tu interior... -Francesca me sonrió con una ternura blanquísima lejana a la cursilería...
En casa de los abuelos recogimos a Paolo. Allí, todos nos encadenamos en un abrazo emotivo. Nuestro hijo le regaló un beso dulce y tibio a Francesca y ella no se pudo contener y derramó de nuevo (esta vez con una mansedumbre consciente) sus perlas de agua, densas, pulposas, prietas, deleitándose por el momento. El abuelo -el padre de Francesca- sacó una botella de amaretto y brindamos solemnemente todos por el devenir.
Mientras caminábamos despaciosamente por la Via San Giovanni in Laterano, embriagados en una aura de nostalgia empalagosa, Paolo daba saltos a nuestro alrededor como el caballo de un tiovivo de feria. Sus ojitos vivarachos no podían demorar su entusiasmo. Colocamos al piccolo entre los dos y le dimos la mano para sujetar un poco (con riendas invisibles) su euforia. Era imposible. Un puro nervio, un atado de nervios. Al llegar a la Basílica de San Giovanni, Francesca, se adelantó y entró a rezar una oración por el desarrollo y la evolución normal del embrión. Devota, la vi arrodillarse sobre el reclinatorio, frente al Pantocrátor móvil del altar, llevaba un respetuoso pañuelo que cubría su cabeza, susurraba con perdigones de fe unas jaculatorias que realzaban sus labios en la belleza. Francesca, iluminada por unos cirios encendidos que trémulos ardían, estaba tan hermosa… como todo aquel arte antiguo que adornaba la chiesa, y… mucho más. Allí, genuflexionada por su ferviente creencia, la miré con ojos laicos y pensé barnizado de lujuria que no existía en el mundo catálogo iconográfico de vírgenes o santos que la superara en hermosura. Al salir..., cuando el imperioso sol se derramaba abrasador sobre nuestras cabezas, mientras se quitaba el pañuelo, me hizo una pregunta académica:
-¿Sabías que esta Basílica fue fundada por el Papa Melquiades en el siglo IV?
-Pues..., no.
De vez en cuando le salía su ramalazo de historiadora del arte. Trabajaba en Tivoli, en un pequeño Instituto de Secundaria a 31 km. de la Ciudad de las Siete Colinas, Roma, donde vivíamos. Allí, en Tivoli, era muy querida por sus alumnos. Tenía como código deontológico no suspender a nadie; y cuando alguna vez lo hacía... mostraba su originaria testuz etrusca. Las excursiones obligatorias a la Galleria Borghese, Museo Nazionale Romano, Museo Nacionale di Castel Sant´Angelo, Museo della Cività Romana y la Galleria Nazionale d´Arte Moderna les encantaban a sus pupilos. Para los alumnos, salir de las aulas era una liberación. Y aprendían mucho. Más por el magnetismo que irradiaba la magistral Francesca que por visitar y ver el arte en directo. La adoraban...
La parada del autobús que estaba al otro lado de la Via de la Spezia le desperezó la idea de la mente de Francesca trasformándola en palabras.
-¡Ese autobús nos llevará sobre ruedas a la Piazza Colonna!
-¿Qué hay allí de original? -le pregunté intrigado.
-Unos grandes almacenes. Le compraremos al bebé que va a nacer su primer regalo -sus ojos glaucos reverdecieron más si cabe y emitieron destellos dorados y jaspeados provocados por el implacable sol del mediodía, también por su voluntariosa emoción contenida.
Llegamos a La Rinascente, el más grande de los almacenes comerciales de Roma. No se podía dar un paso y para avanzar teníamos que regatear como si fuéramos habilidosos delanteros de la Squadra Azzurra. Subimos los tres por las escaleras mecánicas hasta la primera planta; atacamos la sección de ropa infantil por el centro, sin contemplaciones; ya dentro del área pequeña, Francesca compró unos calzines rosas. Ella quería un ricordi de ese día tan maravilloso en el que su expectativa, su proyección, por fin se vería completada. Aquellos diminutos calcetines rosas parecían de muñeca de juguete. Francesca aseguraba que sería una niña. Y nos mirábamos cómplices. Y nos entrecruzábamos los dedos con dúctil presión. Y amábamos esos instantes deliciosos. Y cándidos, sonreíamos por todo...
Nos fuimos a seguir celebrándolo en el Sabatini in Trastevere, uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Pedimos pizza napolitana y un caldo italiano de la mejor calidad, el Torre Ercolana y dicharacheros hablábamos hasta la extenuación. Paolo devoró su pizza y su zumo de naranja en un santiamén, como si no hubiera comido desde la decadencia del imperio.
Por la tarde estuvimos paseando serenamente por la Piazza del Popolo, cruzamos por el Ponte Margherita un río Tevere de aguas densas que tomaban la tonalidad del mercurio, nos besamos decenas de veces bajo un sol de membrillo, hacíamos cosquillas a Paolo sobre sus costillas, deseábamos seguir paseando la felicidad del instante y elegimos como trasporte un autobús que nos llevó hasta la Città del Vaticano. Allí, Francesca se extendió dándome explicaciones sobre la Columnata de Bernini y el Obelisco de Fontana en la Plaza de San Pedro; continuó hablándome atropelladamente de la Basílica de Miguel Ángel... Yo tenía sed de ella, una sed de universo: la deseaba.
-¿No podríamos hablar de algún artista contemporáneo..., que no haya fallecido? –disimulé.
-Si quieres... -y apremiante...-. ¡Era, era un decir, hombre! -Francesca me regaló otra peculiar sonrisa de su gama. Sus labios afrutados invitaban al beso más apasionado.
Francesca se acarició el vientre. Meditabunda en la inquietud... empezó a morderse las uñas...
-¡Así empezó la Venus de Milo! –me aventuré a decirle... expectante.
Su risa versátil fue prístina, sonrosada, azulona, hermosa como el mejor de los amaneceres romanos.
Aquella noche estuvimos en la Fontana di Trevi embelesados con el medallón de la luna llena y el rumor del agua en cascada. Tiramos unas monedas a la fuente mentando el futuro próximo mientras Paolo mojaba la yema de sus deditos introduciéndolos en el agua cristalina para recuperar aquellas monedas de la suerte depositadas al fondo, como en un ánfora. Estuvimos en la Piazza Navona y en la Piazza Spagna; en ésta última pedimos a uno de los numerosos artistas que había en la escalinata que nos hiciera una caricatura de Francesca. El piccolo Paolo se enfadó mucho, decía que su madre no tenía los labios tan grandes como en el dibujo a carboncillo. Después nos fuimos a la Stazione de Termini. Nos sentamos los tres en un banco, a ver pasar el tiempo. Teníamos los pies hinchados de tanto andar todo el día. Francesca se quitó los zapatos con una sensualidad ecléctica. Me enseñó con gesto consternado sus doloridos pies. Los tomé con ambas manos, almohadillándoselos de erotismo.
- Con esos pies tan inflamados puedes dormir de pie que no te caerás.
El bambino estalló con una risa contagiosa que se encaramó con el eco hasta la bóveda de la estación. Nuestras risas también eran incontenibles...
Llegamos al hogar y los tres brindamos con un gran vaso humeante de leche desnatada. Aquella noche dormimos los tres como benditos, protegidos por una benefactora luz de acuario que nos hacía soñar con peces que tenían la silueta de la bondad.
Tanta felicidad le parecía a Francesca <>. Sus tres primeros meses de embarazo fueron armoniosos; no tuvo apenas dolores ni arcadas. Vivíamos en un mar de tranquilidad, de serenidad envolvente, de parsimonia colorista, de gasa que acaricia. Cuando visitamos a la Doctora Giulia, ésta hizo una ecografía a Francesca y nos mostró las imágenes en el monitor. Cómo explicar los escalofríos de emoción. Luego nos hizo escuchar los latidos del corazón. Cómo explicar que uno se derrite, se hace charco de melaza. El diminuto feto tenía los miembros definidos, aunque por la posición contorsionista no se sabía el sexo. Habría que esperar hasta el cuarto mes. La doctora le dijo a Francesca que si sabía que las ecografías las habían utilizado por primera vez los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial...
-Quisiera saber... -conminó Francesca-, si nacerá sano.
-Puedes estar tranquila..., está muy bien formado.
Exhalamos un suspiro de alivio. Pero fue a partir de aquel día que las cosas empezaron a cambiar, a emborronarse. Por las noches Francesca se quejaba de un dolor agudo y pertinaz que no la dejaba dormir. La quinta noche de insomnio y dolor tuvimos que ir a Urgencias. El bambino estaba adormilado sobre mis brazos en la Sala de Espera cuando oí gritar a Francesca.
-¡No ven que estoy encinta!
Había salido encrespada de una dependencia de Rayos X. Querían hacerle una radiografía y podían dañar al ser vivo que albergaba balanceándose en el mar de placenta. Menos mal que Francesca era una mujer despierta que se enfrentó a aquellos médicos principiantes y aviesos de protocolo. Es verdad que después nos pidieron disculpas. Pero estuvieron <> de propiciar un error irreversible. Luego le hicieron un chequeo general y no detectaron nada maligno...
Durante tres semanas más Francesca tuvo malestar. Según ella no era insufrible. Se podía soportar. Mi esposa abnegada, al principio, no dejó las clases, a pesar de los contratiempos. Yo estaba muy intranquilo y le consulté telefónicamente mi preocupación a la Doctora Giulia. Nos citó al día siguiente en su consultorio. Frente a una nueva ecografía, la doctora, nos aseguró que no detectaba ningún síntoma que alterara la evolución normal del embarazo y que para más tranquilidad nuestra fuéramos a visitar a un amigo suyo que era una eminencia y Presidente de no sé qué Asociación Médica de la CEE. El eminente doctor le hizo a Francesca una Resonancia Magnética y no detectó nada ni en aquel complejo mecanismo ni en los análisis de sangre y de orina. Yo, aún así, no estaba satisfecho...
Nos marchamos cabizbajos. Ella ya no hablaba con aquel potente chorro de voz que tenía. Ni de Borromini (que fue su tesis doctoral). Ni de Miguel Ángel. Ni de Bernini, su ídolo. Su atroz silencio me dejaba con un vacío espectral. Eso era preocupante, y la incertidumbre volaba en la atmósfera que nos rodeaba como un enjambre de abejorros irritantes...
Un amigo del trabajo me recomendó el Hospital del Santo Spirito. Fuimos a regañadientes. Un médico especialista decidió hacerle un completo Scanner. Detectó camuflado un bulto a la altura del esófago. Le hicieron una biopsia. Las dos semanas que tardaron en darnos los resultados fueron un insondable pandemonio.
Cuando nos dieron el fatal diagnóstico nos hundimos como dos piedras plomizas en el fondo del océano; cien abismos mareantes se nos abrían como lo hacen las alas de los pájaros vultúridos al iniciar el vuelo cuando han detectado la carroña.
-No se preocupen -dijo el médico especialista-. Con la quimioterapia tal vez lleguemos a tiempo...
-¿Afectaría al bebé? -preguntó Francesca.
-Efectivamente. Tendrá que perderlo.
-¡Eso nunca, doctor! ¡Nunca!
El calendario goteaba más allá del cuarto mes de embarazo. Intenté persuadirla. Le dije que más adelante podríamos tener otro hijo, cuando superáramos las diatribas del trauma. Ninguna de mis palabras inversemblantes abatiría su férreo sentimiento. Sólo conseguía ofenderla y ofuscarla. Yo..., yo no quería perderla. La amaba, la deseaba… hasta el egoísmo más supremo. Pero su decisión fue inapelable. Indiscutible. Inalienable. Definitiva. Dramática.
Francesca se balanceaba en la mecedora con una tristeza silenciosa, honda, de pozo. Había solicitado al Instituto una excedencia que podía ser eterna. Ella sabía que el bambino y yo también estábamos abatidos como dos escenarios que se derrumban en la escenificación de La Vida. Yo la miraba de soslayo. Ella, con toda su dignidad floreciendo, intentaba levantarnos la moral...
-¿Sabías que Leonardo da Vinci tardó en pintar la Mona Lisa cuatro años?
-Pues..., no.
-¿Sabías que la sonrisa enigmática de la Gioconda procedía de una parálisis facial de la modelo que posaba? -la modulación de su voz era sobrecogedora, provenía de la caverna de los sueños frustrados.
-Pues..., no.
Pero la verdad es que en sus palabras se dirimía la pena y ya no sonreíamos como antes... la felicidad es efímera como las estrellas fugaces.
Gordezuelos, gotearon los agónicos meses... ¡con tanta tristeza solidificada! Francesca acertó en su pronóstico del sexo. Era una hembra que ya en las ecografías finales nos parecía hermosa como un guernica. Llegó el día de la alumbración. Fue un parto natural. Sin anestesia. Con gritos mudos. La niña nació sana. Con tres quilos setecientos cincuenta gramos. La bautizamos y la registramos con el nombre de Francesca, igual que su madre. Sólo un mes le dio de mamar de aquellas fuentes enormes que encendían mi pasión. Luego empezamos con las sesiones de quimioterapia. Francesca perdió el cabello, desmejoró físicamente, se abandonó a la corriente… Ya era tarde para resurrecciones. Excesivamente tarde. Su decisión, desempedrada de egoísmos, fue la de abrir paso a una nueva generación. A costa de su vida. En los últimos momentos, esqueleto y piel, yo le hubiera hecho el amor, dulcemente, deseaba trasmitírselo de viva voz, pero ya no oía, como no oyen las Madonnas de las grandes obras de arte las plegarias de los pobres. Su decisión valiente, amable, generosa, fue la de una auténtica mater, latina y universal.
Francesca-hija es un retrato en pequeño de su madre, una escultura, un cuadro, un reflejo. Tan linda como ella. Tan generosa como ella. Tan bondadosa como ella... Paolo la venera como a una madonna minúscula. Mi hija es..., ¿cómo decirlo?, dulce como la caña de azúcar natural en los inviernos crudos o la miel natural en los veranos abrasadores. Pero..., ¿cómo decirlo sin ofender?, ¡Dios mío!, ¿cómo decirlo?, mi camera è troppo fredda sin Francesca.

-Ciao, amada, siempre te querré...
____
Nota biobibliográfica.- AUTOR: GINÉS MULERO CAPARRÓS, VILADECANS (BARCELONA). Profesor con la Especialidad de Ciencias Sociales. Licenciado en Geografía e Historia.

*PRIMER PREMIO EN EL IX CONCURSO LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS <>. MAYO DE 1996. HOLLYWOOD, CALIFORNIA, EE.UU.
*PRIMER PREMIO EN EL VII CONCURSO LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS <> DEL ORFEÓN CATALÁN DE MÉXICO. ABRIL 2007. MÉXICO.
*PRIMER PREMIO EN EL XI CONCURSO LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS <>. JULIO DE 2007. CORTEGANA. HUELVA.
*PRIMER PREMIO EN EL XII CONCURSO LITERARIO SECCIÓN INTERNACIONAL <>, NOVIEMBRE DE 2005. MORELIA, MICHOACÁN, MÉXICO.
*PRIMER PREMIO EN EL V CERTAMEN LITERARIO NACIONAL <>. ASOCIACIÓN 8 DE MARZO. MARZO DE 2008. PLASENCIA. CÁCERES.
*PRIMER PREMIO EN EL I CERTAMEN INTERNACIONAL DE CUENTOS BREVES <>. DICIEMBRE DE 2006. LA PLATA. ARGENTINA.
*PRIMER PREMIO EN EL XXVIII CONCURSO LITERARIO NACIONAL DE CUENTOS <>. AGOSTO DE 2007. UNIVERSIDAD POPULAR Y CONCEJALÍA DE CULTURA DE CABEZA DE BUEY. BADAJOZ.
*PRIMER PREMIO EN EL I CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATOS BREVES “QUIXOTADAS, 2005”. EDITORIAL Edición Personal. MAYO DE 2005. MADRID.
*PRIMER PREMIO EN EL IV CONCURSO LITERARIO INTERNACIONAL <>. MAYO DE 2006. TORREVELILLA. TERUEL.
*PRIMER PREMIO EN EL III CERTAMEN NACIONAL DE RELATOS BREVES “AMAPU, 2005”. JUNIO DE 2005. ALCOBENDAS. MADRID.
*PRIMER PREMIO EN EL V CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL <>. MAYO DE 1997. ANDÚJAR. JAÉN.
*PRIMER PREMIO EN EL V Y X CERTAMEN LITERARIO <> DE CUENTO DEL AYUNTAMIENTO DE MOLINICOS. ABRIL DE 2002 Y JUNIO DE 2007. MOLINICOS. ALBACETE.
*PRIMER PREMIO EN EL I CONCURSO LITERARIO <>. 2 DE MARZO DE 2001. MADRID.
* PRIMER PREMIO EN EL XX CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE NARRATIVA DE <>. MAYO DE 1994. SAN FERNANDO. CÁDIZ.
* PRIMER PREMIO EN EL XXIV CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA DE ÁMBITO NACIONAL <>. MAYO DE 1994. BARCELONA.
* PRIMER PREMIO EN LA VI EDICIÓN DEL CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE NARRATIVA <>. FEBRERO DE 1994. PILAS. SEVILLA.
* PRIMER PREMIO EX-AEQUO EN LA II EDICIÓN DEL CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA EN CASTELLANO <>. JUNIO DE 1993. BARCELONA.
* PRIMER PREMIO DE NARRATIVA EN CASTELLANO, PREMIO LITERARIO <>. ABRIL DE 1994. CASTELLDEFELS. BARCELONA.
* PRIMER PREMIO DE RELATO EN EL CONCURSO “VERANO EXPRÉS”. 15 DE AGOSTO DE 2005. PERIÓDICO: LA VOZ DE GALICIA.
*PRIMER PREMIO EN EL I CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATOS BREVES <>. AGOSTO DE 2007. SORIA.
*PREMIO EXTRAORDINARIO DE CUENTO HIPERBREVE DE LA DEL I CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL <>. NOVIEMBRE DE 2007. MADRID.
*PRIMER PREMIO EN EL II CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATOS BREVES <>. ENERO DE 2008. ALTURA. GRAN CANARIAS.
* PREMIO AL CONTENIDO HISTÓRICO: CAPÍTULO EL SEGLE XIX. LES REVOLUCIONS POLÍTIQUES. PUBLICACIÓN OCTUBRE 2005. HOSPITALET. BARCELONA. GENERALITAT DE CATALUNYA.

SEGUNDO PREMIO EN EL I CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL <>. NOVIEMBRE DE 2007. MONTEVIDEO. URUGUAY.
*SEGUNDO PREMIO EN EL III CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS BREVES <>. ASOCIACIÓN CULTURAL “EL RURAL”. AGOSTO DE 2007. ORIA. ALMERÍA.
*SEGUNDO PREMIO EN EL I CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL <>, JUNIO DE 2007. SALINA (ISLAS EOLIAS). SICILIA. ITALIA.
*SEGUNDO PREMIO EN EL CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA DEL COLEGIO DE DOCTORES Y LICENCIADOS DE VALENCIA. ABRIL DE 1998. VALENCIA.
*SEGUNDO PREMIO EN EL VII CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA <>. PUBLICACIÓN. ABRIL DE 1999. HOSPITALET DE LLOBREGAT. BARCELONA.
*SEGUNDO PREMIO EN EL I CERTAMEN LITERARIO <> DE MICRORRELATOS. ABRIL DE 2007. MONTANYA. BARCELONA.

*TERCER PREMIO EN EL IV CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE NARRATIVA: CUENTOS DEL MAR; <>. DICIEMBRE DE 2007. ARGENTINA.
*TERCER PREMIO EN EL III Y V CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA <>. JUNIO DE 1999 Y JUNIO DEL 2001. PUBLICACIÓN DE LOS 2 CUENTOS. BARCELONA.
*TERCER PREMIO DEL XIX PREMIO LITERARIO DE NARRATIVA <>. PUBLICACIÓN DEL CUENTO. MAYO DE 2005. VILADECANS. BARCELONA.

*FINALISTA DE NOVELA EN EL XLV PREMIO <>. MAYO DE 1998. VALLADOLID.
*FINALISTA DE NOVELA, XXVIII CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL <>. MAYO DE 1995. BARBASTRO. HUESCA.
*FINALISTA EN EL CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS <>. MAYO DE 2007. MORÓN DE LA FRONTERA. SEVILLA.
*FINALISTA EN EL I CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS <>. ENERO DE 2008. HOLLYWOOD. WASHIGNTON. USA.
*FINALISTA EN EL I CERTAMEN LITERARIO <> DE MINIRELATOS DE LA CADENA SER. 14 DE FEBRERO DE 2008. VALDEMORO. MADRID SUR.
*FINALISTA/GANADOR EN EL CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATOS DE LITERATURA ONÍRICA <>. MARZO DE 2008. BUENOS AIRES. ARGENTINA.
*FINALISTA EN EL XI CERTAMEN LITERARIO DE CUENTOS <>. NOVIEMBRE DE 2007. MURCHANTE. NAVARRA.
*FINALISTA EN EL XXI CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS <<ÁLVAREZ TENDERO>>. JULIO DE 2007. ARJONA. JAÉN.
*FINALISTA EN EL XII CERTAMEN LITERARIO DE CUENTOS <>. MAYO DE 2007. ANDORRA.
*FINALISTA EN EL I CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE VIVENCIAS <>. PUBLICACIÓN ANTOLOGÍA CONJUNTA. JUNIO DE 2007. MADRID.
*FINALISTA EN EL II CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE CUENTOS <>. OCTUBRE DE 2007. BARCELONA.
*FINALISTA EN EL III CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL <> DE CUENTOS. UNIVERSIDAD DE SAN BUENAVENTURA CALI. SEPTIEMBRE DE 2007. CALI. COLOMBIA.
*FINALISTA EN EL I CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS <>. ENERO DE 2007. MÉXICO.
*FINALISTA, MENCIÓN HONORÍFICA EN EL II CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS DE VIAJES <>. AGOSTO DE 2007. SAN JUAN. PUERTO RICO.
*FINALISTA EN EL XLVIII Y LI CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS <> Y <>. JUNIO DE 2003 Y JULIO DE 2007. LA FELGUERA. ASTURIAS.
*MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO EN EL CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE CUENTOS <>. ABRIL DE 2007. VILADECANS. BARCELONA.
*FINALISTA DEL V CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA <>. MARZO DE 2006. PONFERRADA. LEÓN.
*FINALISTA DEL IX, XVI Y DEL XVII CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA <>. JUNIO DE 1998, JUNIO DE 2005 Y JUNIO DE 2006. VILLA DEL RÍO. CÓRDOBA.
*FINALISTA EN EL I CERTAMEN LITERARIO <>. ENERO DE 2005. BERRUECO. ZARAGOZA.
*ÁCCESIT EN EL IV CERTAMEN LITERARIO<> DE CUENTOS BREVES. ASOCIACIÓN CULTURAL DE CABRERIZOS. NOVIEMBRE DE 2005. SALAMANCA.
*ÁCCESIT EN EL IV CERTAMEN LITERARIO<> DE CUENTOS BREVES. DICIEMBRE DE 2002. CÓRDOBA.
*FINALISTA DEL IV CERTAMEN LITERARIO <> Y PUBLICACIÓN DEL CUENTO EN OBRA CONJUNTA POR LA EDITORIAL CARDEÑOSO Y LA REVISTA QUÉ LEER. ABRIL DEL 2001. MADRID.
*FINALISTA DEL XII Y XIII CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE NARRATIVA <>. JUNIO DE 1998; JUNIO DE 1999. SEGORBE. CASTELLÓN.
*FINALISTA DEL I CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL DE CUENTOS “RODEO DE PALABRAS”; PUBLICACIÓN EN LA REVISTA CULTURAL DEL DOMINICAL DEL PERIÓDICO “EXPRESO”. FEBRERO DE 2007. MÉXICO.
*FINALISTA DEL II CERTAMEN LITERARIO DE CUENTOS “EDITORIAL ÁBACO”. PUBLICACIÓN DEL CUENTO EN OBRA CONJUNTA. ENERO DE 2OO7. ALCALÁ DE HENARES. MADRID.
*FINALISTA DEL CERTAMEN LITERAIO <>; PUBLICACIÓN DE 30 MICRORRELATOS: WWW.CADENASER. COM. (INTERNET). MARZO DE 2001. MADRID.
*FINALISTA DEL I Y II CERTAMEN LITERARIO DE MICRORRELATOS <>; 9 DE FEBRERO DE 2006; 1 DE MARZO DE 2007. UTRERA. SEVILLA.
*FINALISTA DEL XVI CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL "Los Cuentos de la Granja" (CON 2 RELATOS BREVES PUBLICADOS EN OBRA CONJUNTA). ASOCIACIÓN CULTURAL CANÓNIGOS. ENERO DE 1999. SAN ILDEFONSO. SEGOVIA.
*FINALISTA DEL III, IV, V Y VII CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL <> (PUBLICACIÓN DE LOS RELATOS EN OBRA CONJUNTA). FUNDACIÓN DE DERECHOS CIVILES. JUNIO DE 1998.JUNIO DE 1999. JULIO DEL 2000. MADRID.
*FINALISTA DEL XV CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA EN CASTELLANO <>. SEPTIEMBRE DE 1997. EL EJIDO. ALMERÍA.
*FINALISTA DEL XXI, XXII (2 RELATOS), Y XXV CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA EN CASTELLANO <>. JUNIO DE 1997, MAYO DE 1999, JUNIO 2005. MADRID.
*FINALISTA (ÁCCESIT) DEL CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA EN CASTELLANO <>. ABRIL DE 1997. PALLEJÀ. BARCELONA.
*MENCION ESPECIAL DEL XVII PREMIO LITERARIO DE NARRATIVA <>. PUBLICACIÓN DEL CUENTO. SEPTIEMBRE DE 2002. VILADECANS. BARCELONA.
*SEGUNDA MENCIÓN ESPECIAL DEL PREMIO LITERARIO DE CUENTOS ERÓTICOS <>. EDITORIAL DESPEÑAPERROS. MARZO DE 2006. ARGENTINA.
*FINALISTA (MENCIÓN ESPECIAL) DEL XX PREMIO LITERARIO DE NARRATIVA <>. PUBLICACIÓN DEL CUENTO. SEPTIEMBRE DE 2006. VILADECANS. BARCELONA.
*FINALISTA DEL II CERTAMEN LITERARIO DE MICRORRELATOS EN INTERNET <>.DICIEMBRE DE 2005. MADRID.
*FINALISTA EN EL I CERTAMEN LITERARIO DE MICRORRELATOS <> CON 3 CUENTOS. OCTUBRE DE 2005. REPÚBLICA DOMINICANA.
*FINALISTA DEL 4º CERTAMEN LITERARIO DE INTERNET Misescritos.com/ar. ABRIL DE 2005. BUENOS AIRES (ARGENTINA).
*SEMI-FINALISTA DEL LICEO INTERNACIONAL DE CULTURA E.E.U.U. PREMIO LITERARIO DE ÁMBITO INTERNACIONAL <>. ABRIL DE 1994. HOLLYWOOD. CALIFORNIA (EE.UU.)
*PUBLICACIÓN EN LA REVISTA DEL DOMINICAL DE El País DEL CUENTO TITULADO “Viaje Interior”. JULIO DE 2003.
PUBLICACIÓN EN LA REVISTA DEL SEMANAL DE La Voz de Galicia DE LOS 3 CUENTOS FINALISTAS EL. 8 de AGOSTO DE 2005 y el 11 de AGOSTO 2005.
*MENCIÓN DE HONOR EN EL CERTAMEN LITERARIO DEL PROGRAMA DE LA RADIO “PUNTO LIBRO”, CADENA SER. EMISIÓN POR ANTENA. MARZO DE 2006. MADRID.
*ÁCCESIT EN EL I CERTAMEN LITERARIO <> DE CUENTOS BREVES. PUBLICACIÓN. MARZO DE 2006. ALTURA. LAS PALMAS DE GRAN CANARIAS.
*FINALISTA DEL II CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA <>. ABRIL DE 2006. SANTA AMALIA. BADAJOZ.
*SELECCIONADO Y PUBLICADO EN EL CONCURSO DE MICRORRELATOS “LOS LIBROS” DE LA REVISTA VITELA. BIBLIOTECA PÚBLICA BARTOLOMÉ J. GALLARDO. BADAJOZ.
*FINALISTA DEL I CERTAMEN LITERARIO DE NARRATIVA <>. JULIO DE 2007. BURRIANA. CASTELLÓN.
*FINALISTA DEL CERTAMEN DE MICRORRELATOS “ESCRISTORES.CL”, 2005. CHILE.
*FINALISTA DEL I CERTAMEN DE RELATO HIPERBREVE “FUFOSA” CON DOS MICRORRELATOS. MARZO DE 2007. SEVA. BARCELONA.
*FINALISTA/GANADORES DEL III CERTAMEN DE CUENTO FANTÁSTICO <>. EDITORIAL SHAMRA. AGOSTO DE 2007. MÉXICO D.F.
*FINALISTA DE NOVELA, XXXVIII CERTAMEN LITERARIO NACIONAL <>. MAYO DE 1991. VALLADOLID.


*MIEMBRO DEL JURADO DEL PREMIO LITERARIO DE CUENTOS <>, 1995, CASTELLDEFELS, BARCELONA.


martes, 16 de septiembre de 2008

Segundo Premio en el III Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego"

Vista parcial del cementerio de la Almudena, Madrid
Foto colección particular J. Castillo

EL DUELO DE DOÑA PETRA
Ernesto TUBÍA LANDERAS
Haro (La Rioja – ESPAÑA)

Doña Petra caminó encorvada por la calle central del cementerio del pequeño pueblo donde su vida había transcurrido. Con ambas manos sujetaba un vistoso ramo de coloridas flores, que desentonaba totalmente con la austera vestimenta totalmente negra, que se componía simplemente de un vestido, una camisola que le caía por debajo de la cintura y un pañuelo del mismo color que ocultaba totalmente su melena. El mismo pelo dorado que años atrás dejaba que el viento besara, y que ahora plateado por las canas, ocultaba recogido debajo del eterno pañuelo.
La lápida bajo la cual descansaba eternamente su llorado esposo Don Manuel, se situaba justo en el centro de la laberíntica sucesión de calles que formaban un cementerio, repleto de antiguas fosas que mostraban inquietantes imágenes de santos, arcángeles y demás imágenes religiosas. Que proyectaban sinuosas sombras al cambio de la luz durante el transcurso del día.
Como cada domingo, una sucesión de vecinos se acercaban a velar el recuerdo de los seres queridos que habían establecido allí, su última morada. Y Doña Petra pasaba entre el gentío que nutría el cementerio, sin prestarles la más mínima atención, sumida en la tristeza del recuerdo de su Manolo, con la vista clavada sobre el ramo de flores que protegía sobre su regazo.
Durante la semana, Doña Petra era una mujer resuelta en palabras de porte sereno y amistoso, a la que le gustaba departir con cualquiera que quisiera compartir unos minutos con tan amistosa viuda.
Pero todo eso cambiaba cuando cada domingo visitaba el cementerio para colocar unas flores sobre la tumba de su esposo, y rogar unas oraciones por su descanso eterno. Entonces, y según cruzaba el umbral de la puerta de acero forjado que precedía a las calles del camposanto, se transformaba en una maraña de lágrimas y lamentos, que parecía obviar todo lo que la rodaba, para sumergirse en un duelo sin más compañía que el recuerdo de su fallecido esposo.
Después de avanzar hasta donde se unían todas las calles que formaban las lápidas en el centro del cementerio, viró hacia la derecha encaminándose hacia la zona donde estaban ubicadas las tumbas más recientes. Por lo tanto esa también era la parte más concurrida, y Doña Petra cruzaba entre el gentío chocando con algunos de los allí congregados sin siquiera dedicarles una mirada, o unas palabras de disculpa después de hacerlo. Las personas con las que se topaba le dedicaban en un principio miradas réprobas, que se tornaban piadosas cuando escuchaban como la evidente viuda rezaba en voz baja, casi murmurando, oraciones en las que pedía a Dios por el bienestar del alma de su marido.
Paulatinamente fue aminorando la velocidad de su ya de por sí lento paso, hasta detenerse junto a una tumba de bello granito de colores claros, ubicada junto a un ciprés de reciente plantación, cuyas pequeñas ramas secas caían sobre las lápidas adyacentes enturbiando la belleza de su piedra.
Retiró las pequeñas ramas con la mano, y alguna de sus lágrimas se estrelló contra el granito mientras aumentaba el volumen de sus rezos, llamando la atención de quienes permanecían en las tumbas cercanas, o pasaban a su lado.
Se arrodilló frente a la lápida que mostraba el nombre del difunto, las fechas de nacimiento y fallecimiento, y la imagen del rostro de Jesucristo con la corona de espinas arrancándole dolorosas gotas de sangre que descendían por un rostro marcado por la angustia.
Depositó con suavidad el ramo de flores junto a otro cuyos pétalos ya comenzaban a mostrar sus bordes secos.
- ¿Por qué me has dejado, amor mío? ¿Por qué me has dejado? –preguntaba casi gritando.
El volumen de su voz ya llamaba la atención de todos los presentes en esa parte del cementerio. Que desde que ella había llegado ya únicamente se centraban en la secuencia que Doña Petra escenificaba con tanta angustia.
- ¿Por qué no me llevas contigo mi amor? Haz que el sufrimiento de un día a día sin tu presencia, acabe de una vez. Solo quiero volver a encontrarme contigo, y unirme a ti eternamente. Respóndeme mi amor –suplicaba mirando al cielo, como si esperara que desde las nubes que moteaban el azul celeste, fuera a aparecer el rostro de Manuel para hablar con ella.
Una mujer joven, de unos treinta años, que unos segundos antes limpiaba la lápida de su padre fallecido tan solo unos meses antes. Se acercó a ella, y posó su mano sobre el hombro de la desconsolada viuda en claro gesto afectivo.
- Tranquilícese señora –pronunció la joven tratando de calmarla mientras varias personas más se unían al grupo que miraba lo que ocurría.
- Pero es tan duro –respondió la anciana. Dedicándole una mirada nublada por las lágrimas.
- Lo sé –respondió de nuevo la joven.
Ambas se fundieron en un afectuoso abrazo mientras la viuda no dejaba de gimotear, y el grupo de esporádicos espectadores se dispersaba dejándoles un momento de intimidad a ambas desconocidas entre ellas.
Cuando la viuda pareció dejar de sollozar, las mujeres se separaron, y la más joven se puso en pie.
- ¿Está mejor? –le preguntó amablemente.
La viuda asintió con la cabeza.
La joven le dedicó una sonrisa cariñosa, para después girar sobre si misma y perderse entre las lápidas que cruzaban al final de la calle en la que ellas estaban, con otra que conducía hasta la zona donde se ubicaban los panteones de las familias con mayor poder adquisitivo.
Tan solo una mujer quedaba en las cercanías de Doña Petra, y una vez la joven se hubo alejado, se acercó hasta ella con un extraño gesto en el rostro.
- Disculpe.
Doña Petra alzó la mirada hasta cruzarla con la de la mujer que se acababa de acercarse a ella.
- Esta es la tumba de mi esposo –anunció la mujer sin que Doña Petra mostrara una sola mueca de sorpresa.
Ambas miraron el nombre y la fecha que anunciaba el centro de la lápida:

ANTONIO MARTÍNEZ CASADO
13.02.1950/28.04.2006
- Si. Lo se –respondió Doña Petra para asombro de la mujer.
La viuda recogió de nuevo el ramo de flores, y sin encorvarse tanto como lo había hecho hasta llegar a la tumba de aquel desconocido, fue alejándose lentamente hacia la zona de los fallecidos en los años sesenta y setenta.
- Entonces, ¿por qué velaba a su esposo en una tumba que no es la suya? –preguntó sumamente intrigada.
Doña Petra giró para responder a su pregunta, mostrándole un rostro sonriente sobre el que las lágrimas derramadas comenzaban a secarse.
- Porque donde está enterrado mi marido casi no hay gente –le espetó.
Volvió a girar, y se encaminó hacia donde realmente estaba enterrado su Manuel. Dejaría el ramo de flores, y abandonaría el cementerio inmediatamente. A fin de cuentas por mucho que llorara sobre la tumba de su esposo, nadie podría observar su duelo.

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Nota biobibliográfica.- Ernesto Tubía Landeras, nacido en Haro, La Rioja, el 13-II-1975 ha obtenido los siguientes galardones:
- Ganador en siete ocasiones del Concurso de Críticas Cinematográficas a nivel nacional de la revista “Acción”.
- Finalista en el “Primer Concurso de historias Cepsa”, 2006.
- Primer premio en el “Primer Certamen de Cuentos San Felices de Bilibio”, 2006.
- Seleccionado para la antología de relatos cortos “Te lo cuento” del Primer Certamen Internacional de Relatos Cortos Editorial Ábaco.
- Finalista del certamen literario “La encerrona”, 2006.
- Primer accésit del IV Certamen Literario “Nosotras y ellos” en Ledesma (Salamanca).
- Primer premio en el “II Certamen de Cuentos San Felices de Bilibio”, 2007.
- Primer premio en el XVIII Certamen Literario “Esteban Manuel de Villegas” de Nájera (La Rioja), 2007.
- Tercer premio en el X Concurso Literario “Mujer y sexualidad” de Laguardia (Álava), 2007.
- Segundo premio en el IX Concurso Literario “Villa Peñaranda de Duero” (Burgos), 2007.
- Primer premio en el VII Certamen Literario “Cristo de la Nave” de Manzanares el Real (Madrid), 2007.
- Segundo premio en el XV Certamen Literario por la Igualdad entre Hombres y Mujeres de Miranda de Ebro (Burgos), 2007.

Guionista de los cortometrajes rodados en súper V.

- (1998) Adversario.
- (2000) Víctima del atrapón.
- (2002) Amistad, amor, y demás mentiras.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Tercer Premio en el III Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego"

Vincent Van Gogh - Cielo estrellado sobre el Rhône

EL SOBRINO DE VAN GOGH
Marcos PÉREZ HERNÁNDEZ

(La Matanza - Santa Cruz de Tenerife - ESPAÑA)

Rompí el cuadro de mi tío Antonio, ese que tanto entusiasma a papá no sólo por el consabido valor sentimental, sino por su fatua ilusión de que un hermano suyo pueda convertirse en un Van Gogh. Lo rompí en un arrebato de los míos, por fastidiar a mamá, empeñada en que hoy tendríamos visita, que dejara el partido contra los Olañeta para otro día. Como si se pudiera aplazar porque yo no pueda ir. Se reirían en nuestra cara y nos acusarían de tenerles miedo. Los muchachos jugarán sin mí y lo más seguro es que pierdan con los tramposos esos. Mamá se puso histérica y se echó a llorar como de costumbre. “Tu padre te va a matar”. Sí, destrocé a patadas el óleo indescriptible que papá se empeña en mostrar a todo el que tiene la desgracia de aparecer por casa. Los hipócritas no se atreven a confesar que ese cielo negro opaco, con estrellas rojas y soles radiantes de un amarillo enfermizo, aparte de contradictorio, es una porquería artística. Nada más López le sugirió que aunque él no era un entendido, no le parecía gran cosa. Hay que ver la tirria que le cogió papá que ya prefiere ir a desayunar con “el lameculos de Antúnez” que antes no podía ver ni en pintura. Mi padre es así de rencoroso.
Mamá es más sana, aunque está obsesionada con eso de las drogas y que ya tengo catorce años para quince y la calle es peligrosa con esos coches como tiros que no respetan las señales ni los pasos de cebra y hay mucho bandidaje y con quién vas a estar que siempre te metes en peleas y vienes lleno de magulladuras y con la ropa destrozada y mejor ponte a hacer la tarea que suspendiste cuatro y tu padre te va a zurrar otra vez como te cateen. Siempre tiene que tener algo de que preocuparse, que será su leitmotiv. Se alimenta de amarguras que ella misma se encarga de cocinarse y servirse con la misma devoción con que se afana en la cena de todas las noches. Ahora lo del cuadro la tiene trastornada, viene cada dos por tres a suplicarme “anda, intenta arreglarlo, que a lo mejor tu padre no se da cuenta, que seguro se lo querrá enseñar a Don Tomás”.
Los muchachos deben estar jugando todavía el partido “máxima rivalidad” con los Olañeta. Y yo aquí devanándome los sesos, pringándome de pegamento y tinturas para recomponer esta basura que mi tío nos legó antes de suicidarse. Aunque en casa siempre dicen que se cayó accidentalmente. Para colmo papá invitó a cenar al jefe. Supongo que será el mismo jefe ante el que se tenía que “bajar los pantalones para mantenernos a todos”. En esas diatribas le dirigía una mirada de desprecio que casi parecía de asco a tío Antonio “y para que tú pintes cuadros que no hay dios quien los entienda y menos quien los compre”.
Tío Antonio no hablaba mucho, agachaba la cabeza como si hubiera querido enterrarse en el suelo o como si buscara algo minúsculo en el piso que sus ojos miopes no podían divisar. Pero no se pegaba todo el día lloriqueando como mamá, que parece una magdalena. Se ensimismaba en estos cuadros tan raros y se olvidaba hasta de comer. No debía ser tan caro de mantener, el pobre. Cuando me castigaban venía a leer echándome en su camastro mientras él apenas me hacía caso concentrado en el caballete. Si acaso me sonreía, pero con esa sonrisa triste que tienen los que desprecian la vida. Se tiró de esta misma ventana desde donde observo que ya acabó el partido. Aún se puede apreciar la sombra de sangre en la acera por más cepillo que le dio mamá. Las gotas diseminadas por el enlosado se parecían a estas estrellas encarnadas que pintó quizás como preludio de su caída. Nos hacíamos una compañía mutua, sin necesidad de palabras en conversaciones insustanciales como las de papá y mamá, que la más de las veces terminan en discusión.
A lo mejor terminaron el partido a la trompada y yo aquí, con las ganas que les tengo a los Olañeta, que se creen los reyes del barrio. Mañana me contarán en el recreo. La palomas de Pedro hacen su recorrido nupcial y vuelven prestas al palomar. A tío Antonio también le gustaba contemplar sus acrobacias aéreas, sus galanteos amorosos y la ternura con que los padres se desvivían para alimentar a las crías. Y no lo hacía por un interés pictórico porque nunca vi una paloma ni siquiera en sus bocetos. Me tengo que conformar con mirar las de Pedro, porque papá no me deja criar pichones en la azotea. Aduce que son poco higiénicas, que lo pringan todo de cagadas, “que las tenga Pedro, si quiere, que es un guarro”. Al cuadro no le veo arreglo, empato un lado y se me desmiembra el otro. La hilachas me irritan y me dan ganas hasta de pegarle fuego. Papá me va a matar.
El ruido del coche de papá es inconfundible, “el carburador y viejo que está y a ver con que perras compramos otro”, nos refunfuñaba malhumorado, como si tío Antonio y yo anduviéramos traquinando de aprendices de mecánicos. Delante del suyo aparca con parsimoniosa seguridad un mercedes azul marino. Si me quedara a tiro le escupía un pollo, para dejarle un recuerdo en el parabrisas. Papá se apresura con una carrerita de lo más patética a abrir la puerta. Como si quisiera llegar a la manecilla sin que se note que tuvo que forzar el paso. Me recuerda al lacayo de un lord inglés, con esa mezcla de servil altivez. Se apea un gordinflón encorbatado de calva tonsurada. Con traje a juego con el coche, lo primero que hace es apretarse el cinturón a la vez que infla los pulmones para acertar con el agujero adecuado. Luego se estira hasta parecer un almirante, británico también. Escucho la voz temblorosa de papá, la misma que le sale cuando me acompaña al médico porque los moretones no acaban de sanarme. O al pesado del psicólogo, total para que me suelte la retahíla de que tengo que aprender a tolerar la frustración y contar hasta diez para que la rabia se difumine y así evite las peleas. “Le voy a enseñar un cuadro que quizás le guste, usted que es aficionado al arte, Don Tomás. Lo pintó mi hermano antes de morir y quisiera su opinión”. Mira hacia arriba y me saluda con un entusiasmo que me sorprende. Aturdido, apenas atino a levantar una mano boba. “La obra está precisamente en la habitación donde está mi hijo, que le encanta sobremanera. Se pasa el día leyendo allí. Creo que salió más al tío que a mí”. Adereza el comentario con una risotada que es la que utiliza con la gente de fuera.
Desaparecen por el zaguán y los pasos por los escalones tamborilean en mi pecho. Cada pisada de ellos la transformo en un brochazo desesperado. Tengo las manos ensangrentadas, carbonizadas y hasta con ictericia o hepatitis por la amalgama de tintes. Mi tío pintó una obra tricolor, sin apenas matices. Lo difícil no son los colores, sino plasmar su trazo nervioso e inestable. Me tomo un respiro cuando se detienen en el segundo piso. Creo que rezo o algo parecido, porque cierro los ojos y cruzo los dedos pegajosos con el tímpano puesto en el piso de abajo. El murmullo de voz de mamá es cortado tajantemente por un “lo veremos ahora y luego cenamos” que salió más elevado que de costumbre cuando hay visita. Comienzan de nuevo a subir. El cuadro de tío Antonio está cambiado, pero creo que sigue manteniendo su esencia angustiosa. Seguramente el pintaba así, con el alma, como si su vida dependiera de su obra y no al revés. La mezcla de colores en la paleta no se me dio del todo mal. He restañado las grietas hasta casi disimularlas con tonos amarrillos que semejan haces de luz. Pero a papá no le va a gustar como lo recompuse, no se parece nada al original. Quizás a tío Antonio no le hubiera disgustado tanto. Nunca me pilló cogiendo sus pinceles, pero debió intuir que a veces probaba a hacer garabatos en hojas de la libreta. Hacía como que no se daba cuenta, como en casi todo.
Lo peor es que papá no me pegará ahora sino cuando el hombre se vaya. Se disculpará benevolente con que “los chicos son así, usted ya sabe y más en estas edades”. Pero su mirada castradora me dirá otra cosa. Se me trancará el estómago, apenas mordisquearé algún bocado de mala gana y así podrá añadir ese agravante porque “dejaste en un feo a tu madre y a mí, de camino”. El tropel de pisadas retumban cada vez más cercanas. También debe venir mamá, temiéndose lo peor. Difícilmente podrá disimular su cara de aflicción. Los resortes del picaporte me anuncian quejumbrosos que estoy perdido. Sólo podría escapar por la ventana, es la única salida, igual que mi tío. Supongo que también dirían que me caí, que fue un accidente al alongarme a coger una paloma o cualquier otra explicación plausible. Pero no quiero renovar la acera con nuevas estrellas rojas para que mamá tenga que cepillarlas con jabón, lejía y lágrimas.
Resignado me siento en el alféizar casi atragantado por los nudos. Mi padre asoma la cabeza antes de entrar. Su sonrisa babosa se transforma en una careta de carnaval tan pronto se fija en el lienzo. La caricatura me mira incrédulo. “Pase, don Tomás” invita poniendo los ojos en blanco como diciendo que sea lo que dios quiera. El gordo viene con la respiración cansina pero su andar es seguro cuando avanza hacia el caballete. Mamá se pone la mano en la boca con la intención de reprimir un ¡oh! que se hace audible a pesar de todo. Noto un calor asfixiante en el pecho y el cuello. Debo estar colorado y sudoroso. Quizás hasta huela mal y las manchas en las manos me empujan a cerrar los puños, como si tuviera a los Olañeta delante para partirles la cara.
El almirante se entretiene un rato observando el cuadro, acercándose y alejándose a unos pasos. “Está recién pintado. Vaya, Manuel, tienes un artista en casa”. Sonríe con una alegría que no comprendo. Se me acerca paternal y me conmina a que me aleje de la ventana “no vayas a caerte como tu tío”. Su mano redentora me pesa en el cogote como un ancla y me dirige hacia el cuadro como si yo fuera un bergantín o un muñeco de ventrílocuo. Estoy tan nervioso que me tiemblan las piernas y apenas atino a entender lo que dice. Algo así como que puede conseguirme una beca en una escuela de pintura. Le recomienda a papá que vaya a ver al director de su parte. El careto de papá se transforma en una sonrisa teñida de incredulidad y los interrogantes usted cree, don Tomás, se suceden estúpidamente. Anuncia inflándose como los buchones de Pedro, que me va a comprar un equipo completo de pintura, que el de su hermano que en paz descanse ya está obsoleto. Su alegría me indica que hoy, al menos, salvé el pellejo. Podré cenar tranquilo y después terminaré el cuadro para dejarlo más o menos como estaba. No fue la mejor pintura de tío Antonio, aunque sí la última en la que trabajó. Si él estuviera, seguro que se alegraría de verme manejando sus pinceles. Ahora me doy cuenta que sólo comprenderé por qué se quitó la vida cuando pinte como él. Pero las perspectivas de futuro no son nada halagüeñas, apenas voy a tener ya tiempo para echar un partido y los Olañeta se me van a escapar sin que se las cobre. Además, cuánto le durará el entusiasmo a papá sin que empiece a compararme con “el inútil de tu tío”. Sí, pintaré como a él le hubiera gustado aunque papá me acabe detestando. Será mi homenaje póstumo y mi venganza en su nombre.
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Nota biobibliográfica:
-Licenciado en Filosofía y Ciencias de la educación, sección de Filosofía, por la Universidad de La Laguna en 1.996.
-Técnico Especialista (F.P. II) rama Administrativa y Comercial obtenido en el Instituto de F.P. de Tacoronte en 1.987.
-C.O.U. (y selectividad) cursado en 1.990 – 1.991 en el I.N.B. Instituto de Canarias “Cabrera Pinto”.

CURRÍCULUM LITERARIO:
Primer premio en el Concurso de Cartas de Amor de Tacoronte del 2003 y primer accésit en el Certamen de Cartas de Amor del Círculo de Amistad XII de Enero de ese año. La carta ha sido publicada en el libro “Cartas de Amor”, editado por el Círculo de Amistad y el Centro de la Cultura Popular Canaria en 2006. También en el 2006, 2º premio en el Concurso de Relato Corto de la “Ciudad de Tacoronte” (el primer premio fue declarado desierto) y primer premio en el Concurso de Cuentos de La Matanza.
A raíz de participar en el VII Certamen de Relatos Hiperbreves convocado por Publicaciones Acumán en el 2006, seleccionaron mi microrrelato “Compinches en la soledad” entre los 139 elegidos de los 8.227 participantes, para publicarlo en el libro “Breviario de Relatos”.
Finalista del I Concurso “Mis Cuentos” de Relatos Cortos fallado en 2007, con una participación de 221 relatos de 16 países. El relato titulado “Apocalipsis” está colgado en la red en la página web miscuentos.iespana.es
Seleccionado el cuento “La Conferencia” para publicación en el II Certamen de Relatos Ábaco. El libro ha sido editado en abril de 2007 por la Editorial Ábaco con el título “Pequeños Grandes Cuentos”.
En Mayo de 2007, primer premio en el Concurso de Cuentos de La Matanza.
Seleccionado el microrrelato “Círculo vicioso” para publicación en el I Premio Nacional de Microrrelatos Hipálage. El libro ha sido editado en septiembre de 2007 por la editorial Hipálage bajo el título “A contrarreloj I”.
Primer premio (sección narrativa) del XIV Concurso de Narrativa y Poesía San Miguel 2007 convocado por el Ayuntamiento de Tazacorte en la isla de La Palma, fallado en Septiembre de 2007.
Primer premio del IV Concurso Municipal de Cuentos “Mariví Martínez Gómez”, convocado por el Ayuntamiento de Boecillo (Valladolid) y fallado en Enero de 2008.
Seleccionado el microrrelato “Visita de compromiso” para publicación en el IV Premio Nacional de Microrrelatos El basar de Montcada Radio y en el que participaban textos en catalán y castellano. El libro ha sido editado en abril de 2008 por Montcada Comunicació bajo el título “Microbis”.
Primer premio del V Concurso Literario de Relato Corto “Ciudad de Tacoronte” convocado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Tacoronte y fallado el 23 de abril de 2008.
Desde principios del 2006 asisto al Taller Literario de la Biblioteca de La Matanza impartido por el escritor peruano Jorge Eduardo Benavides.
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NOTA.- Este relato, así como el segundo y el primer premio, serán leídos en "Onda Latina", http://www.ondalatina.es/, hacia finales de este mes, o principios de Octubre, por sus autores. Se avisará con tiempo para que puedan ser escuchados.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Taller de Escritura Creativa "Pluma y Tintero": MATRÍCULA ABIERTA CURSO 08-09


Taller de Escritura Creativa

“Pluma y Tintero”



El 2 de Octubre se reiniciarán las actividades, para los alumnos presenciales, en el Primer Taller de Narrativa y Lectura crítica–comprensiva de Aluche (el 6 para los de Internet).


Las clases serán en directo los jueves en horario de 18 á 20 hrs. Precio: 30 € al mes.

Lugar: en el local de la Asociación de Vecinos de Aluche (AVA), calle Quero, bajo – nº 69.

También se imparten los cursos por Internet. Precio 90€ al trimestre (pago por giro postal).


Infórmate: Pide una entrevista personal en e: 676-217-271




Dirige el taller, Juana Castillo Escobar, escritora.

"Usemos la palabra como espada, el ingenio como escudo y, como meta, lleguemos al final del viaje ilesos y con ansias de comenzar historias nuevas".

lunes, 8 de septiembre de 2008

Finalista en el III Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego"

Foto de H. Schatz

Las razones de la experiencia
Alberto de FRUTOS DÁVALOS
(Madrid)

“La Filosofía sería superflua si solo buscara.
Enseñar a vivir con verdad es su objeto y, para alcanzarlo,
el filósofo se somete a la experiencia e instruye a la razón
para que escriba según su dictado”.
Claudio Díaz Naranjo

Al profesor Díaz le diagnosticaron un cáncer en febrero. Tenía treinta y siete años y nos daba filosofía. Empezó a faltar a clase por las sesiones de radioterapia, y un día el director nos presentó a su sustituta, Raquel, a quien el mismo profesor había recomendado. Se decía que estaban saliendo, pero yo no podía imaginarme a Claudio con esa chica. No le pegaba. Raquel no tendría más de veinticinco años, estaba llena de vitalidad y vestía como nosotras, mientras que Claudio aparentaba más de cuarenta y tenía pinta de estar acabado. Fumaba mucho y bebía más. Los fines de semana lo habíamos visto de copas por el barrio. No me fijé en si ya entonces lo acompañaba su sustituta; recuerdo, en cambio, que alternaba con tres amigos: un tipo mayor que él, que le había dado clases en la Universidad y al que llamaba su “maestro”, y una pareja que lo escoltaba por si se derrumbaba a causa de la borrachera. Lo normal: un soltero con ganas de conocer a chicas y una pareja harta de conocerse a sí misma.
Me gustaba Claudio, aunque nunca se lo confesé a mis amigas. Como ellas, me reía cada vez que salía su nombre en una conversación. En el instituto se portaba, intuyo que conscientemente, como un sabio retraído y distante; pero, luego, tal como pudimos comprobar, era bastante enrollado y le gustaban las mismas cosas que a nosotros, o sea, beber y dormir poco. No me atraía sexualmente, pero me agradaba su manera de mirar: no era de esos profesores que te recorren de arriba abajo cuando te quedas un rato al final de clase para consultarles una duda. No era un mirón profesional ni un reprimido. Le divertía enseñar, eso es todo. Hablaba por los codos. Bebía como un cosaco. Fumaba como una chimenea. Todo lo hacía a lo grande.
Cuando supimos que se encontraba mal, se nos ocurrió ir a verle; una idea fugaz. Aliviamos el remordimiento que causa sentirse bien cuando otros las están pasando canutas comprándole un ramo de flores, y se lo dimos a Raquel para que se lo llevara. Nos dijo que iría al hospital a la salida de clase, y nos propuso acompañarla. Mis amigas no estaban por la labor -emitían el último capítulo de una serie a la que estábamos enganchadas-, y yo me mordí la lengua, como tantas otras veces. Cuando sonó la campana, sin embargo, puse una excusa tonta para deshacerme de Olga y Tatiana, y fui corriendo al aparcamiento. Al ver a Raquel en el coche, a punto de arrancar, se me aceleró el corazón. “He cambiado de idea”, le dije sofocada, y ella arrojó a los asientos traseros el bolso y un loro de peluche, y me sonrió.
Casi no hablamos durante el trayecto. Para ser joven y como nosotras, Raquel era bastante tímida -quizá porque era como nosotras-, y solo cuando aparcamos me dijo que tenía una hermana de mi edad. “Yo tengo dieciséis, repetí un curso”, aclaré, pero no pareció importarle ni notar la diferencia. Preguntamos en el vestíbulo por el paciente Claudio Díaz Naranjo y subimos a su habitación en la quinta planta. Llamamos a la puerta y, como no respondiera, abrimos despacio y lo vimos sentado en una silla, dormitando y con un cómic entre las piernas. Al vernos, se puso en pie haciendo un gran esfuerzo. “Vaya, vaya, muchas gracias por venir”, nos saludó, y nos ofreció asiento.
Hacía mucho calor. Era muy triste estar ahí aunque solo fuera de visita. En el pasillo, noté que me temblaban las piernas y recordé que una vez, cuando operaron a mi madre de la vesícula, me caí en redondo, desmayada. Claudio pareció emocionarse sinceramente por las flores, eran las primeras que le llevaban, “hasta ahora solo me han traído dulces”. Nos dijo que se encontraba mucho mejor, pero que el médico lo había notado todavía débil y había insistido en que se quedara otro par de noches. “Después solo tendré que venir por las mañanas para que me achicharren un poco, y por las tardes llevaré una vida normal, aunque muy normal no podrá ser; porque, sabéis, me han prohibido el alcohol y el tabaco. Creo que aprovecharé esta baja para escribir y hacer otras cosas que aún no me han prohibido”, dijo.
Mientras Claudio hablaba, y lo hacía sin parar, yo observaba a Raquel. Quería averiguar si era cierto lo que se decía de ellos, que estaban saliendo, pero durante la visita, o al menos delante de mí, no exteriorizaron sus sentimientos. Llevábamos ya media hora cuando apareció la pareja de siempre, la que salía con Claudio por las noches. El chico se llamaba Abel y ella era Marga. Abel lo conocía desde niño, y le bastaba con cruzar una mirada para que, sin necesidad de palabras, ambos comprendieran el significado de cualquier broma. Durante un rato, hablaron animadamente de sus cosas, y yo no metí baza.
Lo estaba pasando fatal. Deseaba intervenir y que Claudio se fijara un poco en mí, pero me limitaba a escuchar con las manos en el regazo, igual que haría mi abuela en una circunstancia semejante. Lo peor fue cuando, imagino que por cortesía, empezaron a hacerme preguntas sobre mis gustos, mi familia y ese tipo de cosas. Me bloqueé. Quería pronunciar frases ingeniosas y ocurrentes para estar a su altura, pero no era capaz de hacerme comprender y no me salían las palabras. Me parecía haber aterrizado en ese mundo desde un planeta muy lejano; me puse nerviosa, me disculpé y salí corriendo de la habitación.
Raquel me encontró en el cuarto de baño, llorando como una imbécil y mirándome en el espejo, con esa cara regordeta, absurda y roja que tanto despreciaba. Quería abofetearme y arañarme, y lo habría hecho de haber estado sola. Sin duda, Raquel debió de pensar que era medio lela, pero no dijo nada, me sonrió como a una hermana, igual que había hecho al montarme en el coche, y me abrazó fuerte. Cuando se separó de mí, vi que también ella estaba llorando.
Siguió de sustituta hasta el final de curso, y yo seguí acompañándola a ver a Claudio cada vez que podía, que era casi siempre. Olga y Tatiana me dijeron que era una pelota y ya no les volví a dirigir la palabra. En realidad, nunca fueron mis amigas. Éramos distintas, y desde lo de Claudio me resultaban inmaduras, insensibles e intransigentes. Solo querían acostarse con chicos, y publicaban lo que hacían -o, mejor dicho, se lo inventaban- en un foro de Internet que ya entonces causaba furor.
Han pasado los años y, aunque me considero joven todavía, he aprendido a distinguir el amor de las relaciones, y también que la vida es demasiado larga y confusa para hacer promesas. No he vuelto a gozar de esa certeza absoluta y tan desconcertante como una emboscada. Con Claudio me volvía invisible, me hundía en aguas oscuras, y volaba sobre tierras de sueño, sin fuerzas para buscar un nido. Él me hablaba bajo, me preguntaba por los exámenes o me pedía que le acercara un vaso de agua. No he vuelto a sentir ese dolor ni esa necesidad de estar con alguien, ni a exponerme tanto. Ya solo me duelen los recuerdos.
En junio se puso peor. Prácticamente lo desahuciaron, y pasaba ya sus últimas semanas en casa, cuidado por una hermana que había vuelto a Madrid desde Ávila, donde trabajaba en una guardería. No tenían padres y sus familiares más cercanos eran dos tíos que vivían en México.
Aquellas últimas tardes fueron las peores de mi vida. Las recuerdo silenciosas e interminables, con un sabor seco y ese mareo que nos desarma cuando no corre el aire. Pero me acabé acostumbrando y, además, estaba Raquel, que me necesitaba más de lo que creía aunque no quisiera reconocerlo. Salía destrozada de allí y, antes de dejarme en el portal de casa, me invitaba a un refresco, y procuraba sacar a colación temas ligeros para olvidar el dolor reciente. A veces nos íbamos de compras, y poco a poco me hice amiga de su hermana Cristina, que estudiaba en otro instituto y era una chica despierta, guapa como ella, e inteligente. El día de su cumpleaños, le compré una pulsera muy bonita y, entre confidencias y el humo de sus primeros cigarrillos, me contó que Raquel y Claudio habían sido novios. “Ya lo sé. Tengo ojos en la cara”, dije, molesta. “Mi hermana lo dejó”, añadió.
No recuerdo haber llorado tanto como aquella noche. Lloraba de rabia y odiaba a Raquel por su estupidez. Volví a leer el poema de Blas de Otero que habíamos analizado en clase de Literatura: “Desolación y vértigo se juntan. Parece que nos vamos a caer, que nos ahogan por dentro. Nos sentimos solos, y nuestra sombra en la pared no es nuestra, es una sombra que no sabe, que no puede acordarse de quién es. Desolación y vértigo se agolpan en el pecho, se escurren como un pez, parece que patina nuestra sangre, sentimos que vacilan nuestros pies”.
Acabadas las clases, no me fui de vacaciones con mis padres. Les dije que me quedaría estudiando para recuperar en septiembre las asignaturas que me habían quedado, nada menos que seis.
Claudio murió el veintitrés de julio, de madrugada. Lo supe por el sonido del telefonillo, atroz y seco como mi garganta. “Baja”, musitó Raquel, que al aparcar había roto un faro trasero.
La última vez que lo vi, dos días antes, Claudio me dijo que fuera alegre, y que no me distrajera con pequeñeces ni me encadenara a los recuerdos. Me aconsejó que no perdiera el tiempo acumulando cosas. Que llorara cuanto quisiera y que aprendiera a decir “sí” y “no”. Que no fumara. Que viviera enamorada. “Ya lo estoy”, le corté. “¿En serio? Yo también estuve enamorado. Pero el amor se fue, como quien se va de una habitación de hotel, sin mirar atrás, sin remordimientos…, y ya no volvió. A veces pasa. Dime, ¿cómo se llama tu chico?”. “Nadie… es del instituto, Nico”, improvisé.
En el cementerio saludé a Abel y a Marga, y al profesor Bartolomé Requena, su maestro, que no paraba de llorar, como si se hubiera quedado huérfano. A la vuelta, se sentó detrás, y yo fui en el asiento delantero, junto a Raquel. Bartolomé recordó a una de sus discípulas, que años atrás, y después de pasar con brillantez el DEA, se fue a vivir a Londres con su novio, un ingeniero finlandés. “Marchó él unos días a Helsinki a ayudar a su padre en el campo y, trabajando en la finca que tenían, hubo un pequeño temblor de tierra, cayóse a una hondonada y murió”, narró con su particular forma de hablar; y yo pensé que esa era, precisamente, la clase de recuerdos que se despiertan cuando hay una desgracia y que tratan de convencernos de que es inútil intentar nada. “Ya no le interesó más la Filosofía”, se lamentó.
Dejamos a Bartolomé en casa y, antes de arrancar de nuevo, busqué las palabras exactas para contarle a Raquel lo que había sentido y aún sentía por Claudio. Quería saber, también, por qué lo había dejado: aún era una niña y me faltaban las razones de la experiencia. Pero ella me puso un dedo en los labios, me sonrió, con la ternura que ya le conocía, y me dijo que no hacía falta hablar. “Lo sé todo, y él también lo sabía, puedes creerlo”. “¿Pero por qué vosotros…?” “Me convencí de que Claudio y yo no necesitábamos más o menos bondad en nuestra agonía, sino terminar y basta. Sí, lo he lamentado y he llorado y he querido morirme, pero imagino que para ninguno de los dos, de los tres, fue entonces el momento”.
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Nota biográfica.- Licenciado en Periodismo por la UCM, he seguido el primer curso de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en esta Universidad. Trabajo en la editorial América Ibérica, que edita varias publicaciones periodísticas, como redactor jefe de la revista Historia de Iberia Vieja. Soy miembro de la red de Arte Joven de Madrid y he ofrecido varios recitales poéticos.

PREMIOS LITERARIOS:
CUENTO Y CARTA
Primer premio en el certamen de relato joven de San Martín de Valdeiglesias (Madrid, 2008).
Primer premio en el certamen de relato «María Moliner» (Las Rozas, Madrid, 2008).
Primer premio en el certamen de relato «Antonio Espinosa» (Campillos, Jaén, 2007).
Primer premio en certamen de relatos de viajes «El País-Aguilar» (Madrid, 2007).
Primer premio en el certamen de relato «Fernando Quiñones» de Cádiz (2007).
Finalista en el certamen de relato del Museo Arqueológico de Córdoba (2007).
Finalista en el certamen de narrativa «Historias de la Historia» de Constantí (Tarragona, 2006).
Segundo premio en el certamen epistolar de Encinarejo de Córdoba (2006).
Seleccionado en el certamen Ciudad de Getafe (Madrid, 2004).
Finalista en el certamen de la Asociación Verbo Azul (Alcorcón, 2004).
Primer premio «Félix Francisco Casanova» (Tenerife, 2003).
Tercer premio en el certamen epistolar «Dime que me quieres» (Málaga, 2003).
Segundo premio en el certamen juvenil de Eibar (2003).
Primer premio en el certamen «C.M. Isabel de España», Madrid 2002.
Primer premio «Mensajero Club Joven» (Bilbao, 2002).
Finalista en el certamen epistolar «Carta a un maltratador» (Madrid, 2002).
Finalista en el certamen «Todos somos diferentes», Madrid 2001.
Primer premio en el certamen «Mari Puri Express» de Torrejón de Ardoz (Madrid, 2001).
Segundo premio en el certamen de relato corto de la Asociación «Los Rosales» (Madrid, 2001).
Accésit en «Jorge de Ortúzar» de Segovia (2000).
Finalista en «Juan Martín Sauras» de Andorra (Teruel, 2000).
Accésit en «Los sueños de cada uno» de Zamora (1999).
Accésit en ASCII de Madrid (1999).

POESÍA
Finalista en el certamen «Arte Joven» de la Comunidad de Madrid (2005).
Segundo premio en el certamen «Mqués. de Santillana» (Carrión de los Condes, 2005).
Finalista en el certamen «Merche Lanza» de Santander (2004).
Seleccionado en el certamen «Ciudad de Getafe» (Madrid, 2004).
Finalista en el certamen «Dionisia García» (Murcia, 2004).
Primer premio «Poeta García Gutiérrez» de Chiclana de la Frontera (2004).
Primer premio «Miguel Hernández» de Daya Nueva (Alicante, 2004).
Finalista en el certamen de la Asociación «Verbo Azul» (Alcorcón, 2004).
Finalista en el certamen de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca, 2004).
Primer premio «Jóvenes talentos» de Majadahonda (2003).
Accésit en las Justas Poéticas de Dueñas (Palencia, 2003).
Primer premio de la Universidad Politécnica de Madrid, 2002.
Finalista en el certamen «José de Espronceda» (Almendralejo, Badajoz, 2002).
Primer premio «Poeta joven de La Encina» (Villanueva de la Cañada, 2002).
Premio «Blas de Otero» de la Universidad Complutense de Madrid, 2001.
Primer premio «Miguel Hernández» de la Asociación «Pueblo Unido» (Madrid, 2001).
Primer premio «Miguel Hernández» de Daya Nueva (Alicante, 2001).

NOVELA
Primer premio en certamen de novela corta «Antonio Espinosa» de Campillos (Jaén), 2007.
Primer premio en el certamen Hontanar de narrativa breve, Ponferrada, 2007.
Seleccionado en el certamen «Valentín García Yebra», Guadalajara 2003.
Finalista en el certamen «Valentín García Yebra», Guadalajara 2002.


miércoles, 3 de septiembre de 2008

Finalista en el III Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego"


ENTRE PATRONES

Isabel FRAILE HERNANDO

(Madrid - ESPAÑA)


El ruido de las máquinas de coser para al unísono. Los dientes que devoran la tela, y las agujas que forman las prendas, quedan inmóviles durante treinta minutos, tiempo destinado por las mujeres que las manejan para descansar.
En ese breve paréntesis, otros dientes entran en movimiento y, algunas veces, palabras más punzantes que las agujas asaetean el aire.
Líneas de fluorescentes, a derecha e izquierda de la nave, emiten un zumbido característico iluminando de forma artificial la labor de las operarias.
Aquella mañana las trabajadoras esperan junto al portón gris que las engulle durante un tercio del día. El encargado de abrir la fábrica no aparece. Y eso, a las siete de la madrugada, en aquel invierno del sesenta y ocho, no es agradable. Al cabo de media hora llega el joven con las llaves. Una de las féminas le increpa de forma descarada:
-¿Qué pasa, Julián, no sonó el despertador?
El muchacho carraspea, no sabe bien qué contestar. Se ha casado hace poco, e imagina lo que estarán pensando en ese momento las mujeres.
-El coche. Con esta helada se quedó sin batería.
Ellas oyen la excusa con gesto adusto, mientras palmetean las manos heladas y sacuden el suelo con sus pies entumecidos. Ya, dentro del recinto, el reloj de fichar hiere con su mordiente sonido cada una de las tarjetas.
El tema de conversación, a la hora del descanso, es pues, el incidente. El enfado de primera hora había dado paso a miradas socarronas y comentarios subidos de tono. Algo distinto en la rutina del día a día, porque allí, entre telas, patrones y encajes de colores, se diluye la vida de las obreras que, unificadas por sus batas azules, semejan hormigas de un mismo hormiguero.
Ahora, descrito ya el entorno, podemos escoger una muestra de las maquinistas. Podemos analizarlas como en un microscopio. Por ejemplo..., sí, aquellas que ríen al final de la bancada. Escuchemos para ver qué hablan.
-Pero bueno, Petri, para ya de reír. Se ve que con la copita entraste bien en calor. Anda que, ¡vaya ocurrencia la de Julián para que se pasara el frío!
-Adela, no te enfades. No me negarás que ha tenido gracia eso de comprar una botella de coñac. ¿Tú no sientes calorcillo en el estómago?
-¿Calorcillo? Más bien diría un ardor de mil demonios. En realidad, a mi no me ha importado tener que esperar esta mañana. Llegaba tarde, otra vez había perdido la dichosa camioneta, y ya sabes en qué se traduce el numerito rojo en la ficha, una mermilla en el sueldo.
-Yo tengo que salir de casa con tiempo, no puedo andar muy deprisa, me fatiga la cuesta, parece que tengo un caballo trotando en el pecho... La que estaba enfadada de verdad era Paca, pobre Julián creí que se le comía.
-No me gusta esa mujer, Petri, no me ha gustado nunca. Sabes que disfruta inventando chismes y no le importa las consecuencias que eso pueda tener, ya sabes el dicho...: difama, que algo queda.
-Sí, ya sé a qué te refieres. El bulo del otro día, ¿verdad? Con nosotras también lo intentaron. Recuerda el retintín con que nos preguntan que si somos novias.
-La diferencia es que a nosotras no nos importa. Por mí, como si dicen misa. Pero ya viste lo que pasó..., el ataque de nervios de Conchi, no todas nos tomamos los chismes de la misma manera
La conversación cambia de tono y las jóvenes se quedan serias.

¿Quién es Petri? Si tuviera que describirla diría que: Petra es una mujer guapa, ojos negros, labios bien formados y dentadura perfecta. De risa franca y contagiosa. Unos años mayor que Adela. Se puede decir que su mentora. Las dos muchachas pasaron, en poco tiempo, de compañeras a buenas amigas. Compartían trabajo y confidencias, formaban un tándem inseparable...
Así la guardo en mi recuerdo y en mi corazón. Muy bien, ¿vas a seguir mucho tiempo contando la idílica amistad? ¿Cuándo vas ha hablar de la enfermedad de Petri? Porque, al fin y al cabo, eso es lo que pretendes, ¿no?
En cambio, has pasado de puntillas sobre el tema, apenas una leve mención. Si nos acercamos a escucharlas es por algo más que una simple conversación de amigas, es porque quieres hacer hincapié en su dolencia. Sí, ya sé que sin animo morboso. Necesitas contar cómo fue su vida cuando la enfermedad, agazapada, se hizo presente a poco de su boda, cómo fue su final al cabo de los años: en la calle, cerca ya de su portal, en un día frío de Noviembre. No te vas a recrear en los detalles, no es tu estilo. Pero tenías que haber pensado antes en cómo ibas a enfocar la historia.
¿A quién le puede importar algo que ha ocurrido hace tanto tiempo? En el sesenta y ocho, decías. Unos años inmersos en la dictadura, momento de grises, como el portón tras el que desaparecen tus protagonistas. ¿A quién le puede interesar la amistad de un par de mujeres en esos años en los que empezaban a cambiar las cosas? Además, ellas eran de las que no protestaban, les bastaba con acudir a su trabajo, con diluirse bajo su uniforme azul... Está bien, continúa, no voy a interrumpirte ya.

Las amigas cambian de tema. Se centran ahora en un concurso recién estrenado en televisión. Su nombre, Un millón para el mejor. Fantasean como la lechera del cuento, lo que podrían hacer con ese premio.
-¿Imaginas, Adela? ¡Poder pagar el piso que acaba de comprar Andrés en Aluche...!
Para Adela es impensable ponerse en el lugar de su amiga. Ella, con dieciocho años, no se plantea esas cosas: casarse, formar un hogar. Sueña con viajar lejos de allí. A veces, al leer las etiquetas de los haces de labor, mira los destinos. Ahora trabajan para Kuwait, sabe que ese país forma parte de Oriente e imagina el lujo descrito en las Mil y una Noches...
El ruido de la bancada principal corta la charla. El trabajo se reanuda y en el hilo musical se escucha una canción de Serrat.
Todas las batas azules se inclinan a la vez sobre las máquinas como movidas por hilos invisibles, ajenas a lo que el destino les depara. Fuera, a pesar de los tímidos rayos de sol, todo sigue siendo gris.
_______
Nota biobibliográfica.- Isabel Fraile Hernando, Madrid (1950). Publica en el periódico de AVA La escalera, micro relato, 2007. En www.avaluche.com: El Ejecutivo, 2007. Publicados en la Revista Literaria “Pluma y Tintero”: El Portero. Una noche inolvidable. Las Cartas, 2007. El jubón Púrpura. El hombre sin rostro, micro relato, 2008. Publicados en el blog del Taller, “Pluma y Tintero”: El jubón púrpura. El hombre sin rostro. Un anorak rojo, micro relato. Amistad, poema. Cuento en otoño. Destino inminente. Una foto con autógrafo. Una estación en el camino, 2008.
Actualmente forma parte de las alumnas presenciales del Taller de escritura creativa Pluma y Tintero.

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EFEMÉRIDES QUE NO DEBEN DE SER OLVIDADAS

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14 de Febrero - DÍA DE SAN VALENTÍN

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Picad sobre la imagen para saber más de la historia del santo y de esta efeméride.

21 de marzo: Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down

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21 de Marzo-Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial

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Agua para todos

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22 de Marzo, día Mundial del Agua

17 de Junio

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Día Mundial de lucha contra la Desertificación y la Sequía (Pica sobre la imagen)

22-IV-2011 - Día Mundial de la Tierra

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25 de Noviembre Día Internacional Contra la Violencia Hacia la Mujer

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Día de los derechos del Niño: 20-XI-09

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Convención sobre los Derechos del Niño. (Pica sobre la foto).

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NOTICIAS

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El libro es un lujo que sólo se huele

El libro es un lujo que sólo se huele
Parece un espacio mágico arrancado de El Cairo de Naguib Masouf o el Bagdad de Las mil y una noches, un remanso de paz en el que no se escuchan los cláxones de los automovilistas impetuosos que parecen dialogar entre ellos desde sus bocinas. La librería Behzad es un oasis, un lugar hermoso y desordenado repleto de libros, cuadros, mapas, postales, fotografías y polvo, sobre todo mucho polvo (el sello de Kabul), en el que cada objeto parece guardar un equilibro perfecto con el que tiene al lado. (Pica sobre la imagen).

Tras los pasos de la sutil memoria de Machado en Segovia - 26-IX-2010

Tras los pasos de la sutil memoria de Machado en Segovia - 26-IX-2010
Escultura homenaje a Machado delante del Teatro Juan Bravo de Segovia. El escritor vivió 13 años en la ciudad castellana, en la que conoció a Guiomar y vivió grandes momentos pero con la que mantuvo una relación en cierto modo distante. (Pica sobre la imagen).

ARQUEOLOGÍA

ARQUEOLOGÍA
La civilización 'yope' muestra sus tesoros. En la foto Juego de Pelota en la zona arqueológica de Tehuelco - México. (Pica sobre la foto).

El almacén de las momias

El almacén de las momias
Los periodistas que estuvieron presentes describen emocionados una escena que bien podría haber salido de 'En busca del Arca Perdida' o cualquiera de sus secuelas. El interior de la tumba faraónica, 2.600 años en la oscuridad, sólo estaba iluminado por antorchas y por los focos de las cámaras de televisión invitadas al evento. (Pica sobre la imagen).

La Unesco protegerá los yacimientos del fondo del mar a partir de enero

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20 países la han ratificado, entre ellos España, Cuba, Ecuador, México, Panamá y Paraguay. (Pica sobre la foto).

ARTE

ARTE
'La duquesa de Osuna' - Museo Romántico. Retrato familiar de la Duquesa de Osuna como dama de la Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa, Agustín Esteve (1796-1797).

Una «Capilla Sixtina» de 3.500 años

Una «Capilla Sixtina» de 3.500 años
«¡Alá u-Akbar!» (¡Dios es el más grande!) es lo que exclamó rais Ali Farouk cuando entró, junto a José Manuel Galán, a la cámara mortuoria de Djehuty. Ante sus ojos se revelaba una imagen que nunca nadie «hubiera imaginado en sueños encontrar: una Capilla Sixtina del 1500 a.C», confesaba ayer Galán, director de la campaña arqueológica hispano-egipcia que lleva por nombre Proyecto Djehuty y que desde hace ocho años se desarrolla en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en la orilla occidental de Luxor (antigua Tebas)... (Pica sobre la imagen).

La casa de la playa de Diego Rivera

La casa de la playa de Diego Rivera
Las autoridades mexicanas estudian la compra de una casa con vistas al mar en Acapulco, propiedad de los herederos de la fallecida coleccionista Dolores Olmedo, en cuyas paredes su amigo, el pintor Diego Rivera (1886-1957), dejó cinco murales con motivos prehispánicos. (Pica sobre la imagen).

Las entrañas de la Alcazaba de Almería

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La Alcazaba de Almería abre al público uno de sus rincones más secretos: las mazmorras. La actividad denominada El espacio del mes, con la que el monumento ofrece una lectura más detallada sobre algún elemento del recinto con visita guiada, se ha ampliado ante la expectación que ha levantado este lugar de cautiverio. Las mazmorras pueden verse los miércoles, jueves y viernes de septiembre a las 18.30. (Pica sobre la imagen).

Revolución en el museo de Orsay

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"Quiero que el siglo XIX no se acabe nunca". La frase, en palabras de Guy Cogeval, director del Museo de Orsay, resume la misión que se ha marcado: poner patas arriba el mayor museo mundial de arte del XIX. Una auténtica revolución que ya ha comenzado y que supondrá el salto al siglo XXI de una institución que nació en 1986 como una de las mayores apuestas francesas en la historia del arte. Uno de los beneficiados será España: un centenar de joyas de Orsay aterrizarán el año próximo en la Fundación Mapfre de Madrid, como primera etapa de todo un periplo internacional. (Pica sobre la imagen).

Si es un 'miguel ángel', es un chollo

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'El tormento de San Antonio', la que se supone que es la primera obra de Miguel Ángel Buonarroti, elaborada cuando tenía unos 12 años, ha sido comprada por un museo de Texas (EE UU), señala The Guardian. (Pica sobre la foto)

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

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Descubren el planeta extrasolar más pequeño, algo mayor que la Tierra. (Pica sobre imagen).

Así eran los primeros relojes

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Es un pequeño objeto dorado que Cosimo I de Medici, Duque de Florencia, levanta con la mano derecha en un óleo pintado en 1560 por Maso da San Friano. Este mecenas de las ciencias del siglo XVI mira al espectador 450 años después con cierta arrogancia. No es para menos, sostiene una pieza de tecnología punta de su tiempo: un reloj. (Pica sobre la foto).

Detectan una especie de peces destructores en las costas del Caribe de Guatemala

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Guatemala, 13 sep (EFE).- Un grupo de biólogos marinos detectó la presencia de una especie de peces destructores en las costas del Caribe guatemalteco, cuya masiva reproducción podría poner en peligro al ser humano. (Pica sobre la imagen).

El gran cometa Donati como lo trazó William Dyce

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El artista escocés pintó el cuadro sólo meses después del descubrimiento de este cuerpo celeste por un astrónomo italiano. (Pica sobre la imagen)

La historia de Urania, musa de la astronomía

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La creación de esta divinidad menor hija de Zeus demuestra la importancia de esta ciencia desde la antigüedad -Año internacional de la Astronomía-. Los griegos de la antigüedad plasmaron los grandes misterios de la creación en una gran variedad de mitos. La Teogonía escrita por el poeta beocio Hesíodo en el siglo VII a. C. contiene los primeros relatos estructurados sobre el origen del universo, los dioses y el ser humano, partiendo de mitos y poemas procedentes de una tradición oral. Las musas eran divinidades menores hijas de Zeus y la titánide Mnemósine (la Memoria). Según Hesíodo eran nueve: "Ella dio a luz a nueve jóvenes de iguales pensamientos, aficionadas al canto y de corazón alegre, cerca de la más alta cumbre del nevado Olimpo". Se movían entre el Olimpo, al que eran llamadas a menudo por Zeus para alegrar sus fiestas, y el monte Helicón, donde formaban bellos coros y recorrían sus ríos y valles. (Pica sobre la imagen)

La NASA difunde unas fotos tomadas por las nuevas cámaras del telescopio Hubble

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Washington, 9 sep (EFE).- La NASA difundió hoy espectaculares fotografías de galaxias, estrellas y nebulosas captadas por las nuevas cámaras del telescopio espacial Hubble. (Picad sobre la imagen para saber más)

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